- Associated Press - Tuesday, December 23, 2014

Comenzar de cero no es fácil, pero es aún más difícil si hay tres niños involucrados, pero ese es el reto que se planteó Yael Ávalos al dejar atrás una vida en la que imperaba el abuso y el miedo.

Un año después, Ávalos mira hacia atrás y siente escalofríos de ver con claridad el infierno en el que estuvieron sumidos ella y sus hijos: Wilfredo Santamaría, de 18 años; Daniel Alameda, de 14 años; y Yael Alameda , de 11 años. Ni siquiera los hijos propios se salvaron del maltrato.

El hijo mayor, que sufre de hemofilia, no solo era blanco de tratos crueles por parte del padrastro, sino también en la escuela era victimizado por otros niños que se burlaban de él por tener imperfecciones en los dientes y necesitar un tratamiento de ortodoncia.

“Me llamaba ignorante y estúpida… me amenazaba con llamarme a inmigración para deportarme -porque tenía una orden de deportación- y que él se iba a quedar con los niños”, cuenta de su ex marido. Ávalos reunió cada centavo del dinero que se ganaba en el pulguero y pidiendo ayuda en los “stops” para normalizar su situación migratoria.

Temerosa de hablar de su vida con una extraña, las experiencias que vivió empiezan a dibujarse a medida que va conversando. Y como quien junta jirones de una tela, por pedacitos, va contando episodios cada uno más triste que el otro.

“Me callé y me quedé ahí, aguanté hasta infidelidades homosexuales en los 17 años que viví ahí”, recuerda ella.

Al principio, creyó que el que no la dejara ni echar gasolina sola era una actitud protectora del hombre que le prodigó maltratos y humillaciones, y de quien hoy está separada.

“Me creía sobreprotegida y no sabía las cosas que él hacía. Creí que me había conseguido a alguien que me protegería y me cuidaría”, cuenta Ávalos, quien por desgracia, no tardó mucho en darse cuenta de que la realidad distaba mucho de parecerse a lo que ella se había imaginado.

Los niños vivían constantemente aterrorizados por los arrebatos de rabia del padre hacia la madre; desavenencias que muchas veces pasaban del abuso verbal al físico. Ellos también recibieron maltratos y amenazas.

Con una orden de deportación pendiente, Ávalos, oriunda de Nicaragua, cruzó la frontera desde México en 1996, como “espalda mojada”, y embarazada de Wilfredo y acompañada del padre de este, que luego la abandonaría con el bebé. Trabajó en cuanta cosa conseguía y con lo que podía pagar dormía en lugares en los que tenía que dormir con los biberones en la cama para que las ratas no los alcanzaran.

Hoy vive en una casa en Opa-locka donde lo que abunda es el espacio vacío. Comen sentados en el piso; y eso cuando hay comida suficiente para los cuatro. Por lo general, es ella la que se da por satisfecha con solo verlos comer.

El ex de Ávalos solo le envió tres meses de pagos de manutención, pero mientras la ley se manifiesta, lo único que le queda es buscar el dinero para mantener a la familia.

“Ahora estoy sola con mis hijos y el orgullo que ellos me dan”, dijo Ávalos, que comenta que las maestras están muy contentas con ellos porque son buenos estudiantes y se esfuerzan.

Ávalos los lleva después de la escuela a la biblioteca a que estudien y usen las computadoras y el internet que necesitan para hacer las tareas.

No tiene un empleo fijo y lo poco que consigue lo hace en el pulguero de Homestead los domingos vendiendo las cosas que le donan, y regateando con los compradores que quieren pagar aún menos de lo que les piden.

Pero Ávalos está más tranquila, a pesar de las muchas necesidades que tiene. Ya lleva un año de haberse hecho residente de Estados Unidos. Pudo proteger a sus hijos y sacarlos de una situación de abuso físico y emocional.

Es honesta y se enorgullece de no haber recurrido ni a la prostitución ni al robo para ganar dinero para sobrevivir.

Ha sido precisamente esta dedicación a sus hijos, y ese empeño de superarse que ha hecho que Betty Delgado, supervisora de casos del Centro para el Mejoramiento de Niños y Familias (una agencia contratada por el Departamento de Niños y Familias, DCF), recomendara a Ávalos para la campaña de Wish Book que hace anualmente el Miami Herald.

“Nosotros trabajamos con muchos casos de abusos pero esta familia, en particular, nos ha llegado mucho”, dijo.

Delgado informó que la agencia comenzó a llevar el caso desde marzo de 2013. “Ella ha sido víctima de abusos por muchos años; y ahora que ha ido a terapias se ha dado cuenta de que en la situación que ella estaba, no era nada buena”, dijo Delgado.

Asimismo se refirió a Ávalos como un ejemplo ya que a pesar de las dificultades, todo lo que le han pedido que haga, lo ha hecho. “Ella pone a sus hijos por delante de ella todo el tiempo”, agregó.

En su opinión, la familia necesita muchas cosas como muebles y otros enseres del hogar, pero que es muy importante que los niños tengan computadoras para hacer las tareas, y que alguien les done por lo menos un año de servicio de internet, y también comida que no tienen mucho, dijo Delgado.

Cada día, luego de la escuela, Ávalos se va a la biblioteca pública de Hialeah, la más cercana a su casa en Opa-locka, y lleva a sus tres hijos y los espera a que terminen.

A pesar de las necesidades, los tres niños de Ávalos parecen estar contentos; lo que la misma Delgado afirma cuando dice que “ahora es que esos niños están hablando y desahogándose”.

Cómo puede ayudar

Este año Wish Book está tratando de ayudar a cientos de familias necesitadas.

? Para donar, haga su donación de una forma segura en MiamiHerald.com/wishbook

? Si quiere donar a través de su celular, envíe un ‘text’ con la palabra WISH al 41444

? Información, llame 305-376-2906 o envíe un correo electrónico a wishbook@MiamiHerald.com

? Artículos que se necesitan laptops y tabletas para utilizar en la escuela, muebles, camión para impedidos (accessible vans)

Busque más información en MiamiHerald.com/wishbook y elnuevoherald.com/wish-book-es

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