- Associated Press - Wednesday, December 24, 2014

Oscar Valbuena Mier nunca habrá de olvidar el momento en el cual por fin tuvo entre sus manos la pelota adornada con la firma de Nolan Ryan que, andando el tiempo y sin proponérselo, sería el primer paso hacia lo que es hoy una de las colecciones de piezas deportivas más respetadas de los Estados Unidos.

Economista de profesión y pelotero frustrado en el alma, Valbuena contempló la pelota blanca con sus costuras perfectas, como si estuvieran aprisionando la tinta seca de los trazos del líder de ponches de todos los tiempos en las Grandes Ligas.

“Fíjate que sucedió hace 10 años y recuerdo el momento como si lo estuviera viviendo ahora mismo’’, expresa Valbuena, quien nació en Maracaibo, Venezuela, en mayo de 1971. “Solo quería poseer algo de ese lanzador que tanto admiraba, pero al tener la bola en mis manos, sentí que algo se transformaba dentro de mí’’.

En ese instante él no podía percibirlo, pero estaba siendo inoculado por el Virus de la Colección, algo que como un batazo largo a los jardines, lo picó y se extendió a lo profundo de su alma.

A partir de ese hecho, primero sin una idea determinada y luego con un sentido vital de lo que estaba haciendo, Valbuena se dio a la tarea de sumar piezas de distinto precio y trascendencia hasta conformar en la actualidad una colección que sobrepasa 800 elementos –600 únicamente de béisbol y el resto de boxeo, básquetbol y fútbol– y cuyo valor se acerca a los $700,000.

Tan respetada es su colección que está asegurada por Lloyds, una prestigiosa compañía de Londres que le exige ciertos requisitos de seguridad para poder mantener el tesoro en su casa del Doral y no en un banco, que es lo común.

“Aquí no se trata de acumular por acumular, sino de seguir un hilo histórico y personal’’, asegura Valbuena, quien reside en Miami hace 22 años. “No hay nada como ese sentimiento de encontrar y poseer una pieza que era esquiva, que se te negó varias veces, como una mujer que te rechaza y que finalmente se rinde a tus pies’’.

Cada pieza trae su historia y Valbuena la sabe y la repite, porque es parte del ritual a la hora de mostrar lo que se tiene: puede ser una firma única de Joe “Shoeless’’ Jackson, miembro de las controversiales Medias Blancas –o Negras- de Chicago que vendieron la Serie Mundial de 1919.

Jackson era analfabeto y firmaba pelotas de acuerdo al nombre que su esposa le había anotado en la visera de la gorra. Es decir, copiaba un garabato sin conocer la concatenación de letras.

O puede ser su gestión personal para lograr una pelota de firma única de Roberto Clemente, quien por su personalidad tímida no se involucraba mucho en ese aspecto del béisbol, además de morir joven y de manera trágica.

“Firmas de Clemente con todo el equipo hay varias, pero pelotas con firma única hay poquísimas en el mundo’’, explica Valbuena. “Por eso cuando me dijeron que había una en subasta en Tempe, Arizona, no lo pensé dos veces y tomé un avión para participar en una subasta. Me costó $13,000, pero me salió barata. Una firma de Clemente no tiene precio’’.

Un dato que no es pequeño en el mundo de los coleccionistas: la bola adquirida por Valbuena es de los tiempos de novato de Clemente, cuando firmaba su nombre de manera corrida, pues al final de su carrera escribía Roberto arriba y Clemente abajo.

Como tampoco vale lo mismo una bola firmada por Derek Jeter que por Derek Sanderson Jeter; o la que lleva como divisa Ted Williams, que otra con los trazos de Ted Samuel Williams…

“Una pelota con nombre completo, algo que casi nunca legan los peloteros, tampoco tiene precio’’, revela el venezolano.

A veces como en el caso de Clemente, Valbuena se vale de su gestión personal; en otras acude a especialistas que son los encargados de darle vida a este mercado vasto y complicado de las memorias y los recuerdos deportivos.

A pesar de lo grande de su colección, Valbuena siente que todavía no ha terminado y habla de su obsesión de objetos de los legendarios Christy Mathewson, Cy Young –de quien posee piezas invaluables- y de ese enigma que responde al nombre de Martín Dihigo, el pelotero cubano y tal vez el mejor de todos los tiempos que jamás jugó en Grandes Ligas.

“Mi colección es un punto de encuentro entre el amor por la historia y la pasión por el béisbol y el deporte en general”, ratifica Valbuena. “Quiero hacerla crecer hasta que Dios me de fuerzas, quiero que se valorice y se le mire con orgullo, con ese orgullo sano que siento cada mañana cuando casi puedo ver las manos de mis héroes, apretando el puño, cerrando los dedos alrededor de la pluma y dejando correr la tinta para todos los tiempos’’.

©2014 El Nuevo Herald (Miami)

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