- Associated Press - Saturday, November 1, 2014

En un día soleado, dos hombres - uno un anciano de cabello blanco, el otro un hombre más joven con gafas oscuras y un arete - se acercaron caminando a un taller de carrocería en Hialeah. Ambos portaban pistolas.

En un instante, los hombres empujaron a Jorge Verdecia al interior de un Nissan Altima negro. “Cálmate, que tú te vas a morir hoy”, le gritó uno de los hombres.

Verdecia, quien vive en Alemania y estaba de visita, pensó que el ataque era un chiste, hasta que le golpearon violentamente la cara con la pistola y uno de los sicarios apretó el gatillo repetidas veces. La pistola permaneció trabada hasta que disparó una bala sin hacer daño a nadie.

Pero lo que parecía un ataque coordinado, captado por completo en video de vigilancia recién dado a conocer, se deshizo de pronto cuando uno de los atacantes se dio cuenta de algo. “Viejo,”, dijo el hombre más joven, “¡estos no son!”

Los sicarios, Oscar Rúa Torbizco y Orlando Hernández, salieron corriendo y se montaron en un Ford Explorer. Lo que siguió fue una verdadera persecución de autos cinematográfica, con las víctimas mismas persiguiendo a sus atacantes. Hubo disparos, y pronto un policía novato fuera de servicio atrapó a los fugitivos en un callejón sin salida.

“Todo se juntó en esta historia completamente increíble”, dijo la fiscal de Miami-Dade Sonali Desai.

Los dos hombres fueron hallados culpables en un juicio conjunto en agosto. La semana pasada, la jueza de circuito de Miami-Dade Marisa Tinkler Méndez sentenció a Rúa, de 75 años, a 70 años de cárcel.

Hernández, de 48 años, podría ser condenado a hasta cadena perpetua. Se suponía que fuera sentenciado el viernes, pero la audiencia fue pospuesta en lo que sus abogados defensores, Bob Pardo y Matthew Meyers, solicitan un nuevo juicio.

Ambos hombres fueron convictos de asalto con agravantes con un arma de fuego, secuestro, robo a mano armada y huir de la policía a exceso de velocidad.

La fiscalía afirma que Verdecia, de 56 años, y su hijo Juliedys Gutiérrez, de 32, fueron víctimas inocentes. No se sabe quiénes fueron el blanco original, pero las autoridades creen que el intento de asesinato estuvo probablemente relacionado con la droga.

Los dos atacantes tienen un historial delictivo. Rúa cumplió 16 años en una cárcel federal por tráfico armado de cocaína. El fue puesto en libertad en el 2008.

En la década de 1990, Hernández cumplió alrededor de cuatro años en una cárcel estatal por haber sido convicto de tráfico armado de drogas y robo en el condado Hillsborough.

Testigos y pruebas presentadas en el juicio detallaron el ataque de marzo del 2013 que comenzó frente al taller de carrocería en la cuadra de los 2600 de W 76 Street. Fue allí que Verdecia y su hijo, quien es dueño del taller, llegaron en su Altima a recoger algunos equipos.

Cuando Rúa y Hernández se dieron cuenta de que tenían a las personas equivocadas, Gutiérrez entró corriendo al taller y, absurdamente, agarró un palo de trapear para defenderse.

Luego ellos subieron al Altima y persiguieron a los atacantes. “Ellos fueron muy valientes”, dijo Desai, quien sirvió de fiscal en el caso conjuntamente con Adam Korn.

En el juicio, los jurados se enteraron de que, durante la persecución, el anciano Rúa se asomó por la ventanilla del Ford en fuga y empezó a dispararle al Nissan, en una explosión de disparos que se escuchó claramente en una llamada de emergencia al 911.

Cuando Gutiérrez y su padre se dieron cuenta de que les estaban disparando, dieron media vuelta y se alejaron a toda carrera. El Ford también dio media vuelta y los persiguió.

Los sicarios finalmente abandonaron la persecución, mientras que Gutiérrez y su padre se detenían y pedían ayuda a un grupo de testigos de Jehová.

En ese momento, el policía novato de Hialeah Gardens Michael Barilari acababa de terminar su turno cuando escuchó el boletín policial de emergencia.

El vio entrar el Ford en una gasolinera Shell, en el 7750 NW 103 St.

A esto siguió otra persecución, que terminó cuando Rúa y Hernández se metieron en un callejón sin salida cerca del Palmetto. Cuando trataban de salir corriendo de allí, Barilari los arrestó a punta de pistola.

El episodio entero duró menos de 20 minutos.

©2014 El Nuevo Herald (Miami)

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