- Associated Press - Friday, October 10, 2014

Cuando era solo una adolescente, Angelita Castillo Peña subió sola a un barco que la llevó desde Galicia, España, hasta Cuba, donde podría haberse convertido en uno más de los tantos inmigrantes que llegaron a la isla a “hacer la América” en las primeras décadas del siglo XX. Pero Castillo nunca se conformaría con ser una más. Con una fuerza de voluntad de hierro se convirtió en una mujer de negocios que fundó en Cuba la exitosa tienda Angelita Novias, en la que alquilaba y confeccionaba trajes de novias, vestidos para quinceañeras y de cóctel.

Al tomar el camino del exilio con su familia en 1960, Castillo Peña dejó atrás un próspero negocio que empleaba a 55 personas y vestía lo mismo a estrellas del espectáculo y señoras de sociedad que salían en todas las revistas del momento que a aquellas jovencitas que empleaban sus ahorros en comprar un traje de ensueño para uno de los días más importantes de su vida.

Castillo Peña falleció en Miami el jueves 9 de octubre, a los 94 años, después de haber convertido a Angelita’s Novias –esta vez con el apóstrofe para indicar que había asumido las costumbres de su nuevo país– en un sello de elegancia en todo lo relacionado con la preparación de una boda, un bautizo, una primera comunión o una gala para artistas y luminarias del exilio.

“El carácter de mi madre estaba marcado por la fuerza de voluntad. Siempre hizo lo que se propuso”, afirmó su hijo, René Castillo, contando que su madre estuvo activa hasta hace cuatro años, cuando le hizo el traje de bautizo a una de sus cuatro bisnietas. Después empezó a afectarla el Alzheimer, la causa de su fallecimiento.

“Todo el que conocía a mi madre, podía llegar a ser su amigo. Era muy dulce, siempre se prestaba para ayudar a todos”, añadió su hijo, indicando que después de su retiro, cerca de los 70 años, luego de haber trabajado 14 horas diarias, seis días a la semana durante casi toda su vida, siguió colaborando con la iglesia de la Divina Providencia.

“En los veranos se reunía con un grupo de la iglesia e iba a asistir a indígenas en el sur de México. Ella enseñaba a muchas jovencitas a coser”, cuenta Castillo, indicando que su madre era una ferviente católica, que en su juventud contempló la posibilidad de hacerse monja, pero lo descartó porque siempre quiso tener familia.

Fue precisamente cuando estudiaba en un convento en La Habana que Angelita perfeccionó la costura que había aprendido en su aldea de Galicia. “Ella siempre quiso estudiar. Por eso vino de España a Cuba”, reafirmó su hijo, contando que fue trabajando con un famoso modisto de la época, el catalán Ismael Bernabeu, que se convirtió en una maestra de la aguja.

“Una de las muchachas que estaba en el convento se iba a casar y ella le hizo el traje de novia”, contó Castillo sobre los comienzos de su madre. Cuando otra de sus compañeras del convento, de escasos recursos, quiso casarse, Angelita tuvo la idea de hacer una blusa nueva y unirla a la falda del traje que había cosido para la otra muchacha.

“Inventó una nueva pieza y también tuvo la idea de alquilar trajes de novia y de Quince. Ella dio la oportunidad a muchas familias que no tenían dinero de usar un traje bonito”, dijo Castillo.

En 1945 la joven costurera se casó y estableció Angelita Novias, que fue mejorando de vecindario a medida que crecía el negocio. En su etapa de esplendor ya la tienda estaba ubicada en el corazón de La Habana, en la calle Galiano, entre Virtudes y Concordia.

“Ella cortaba casi todos los trajes, ayudaba a coser, asistía en el diseño. Además tomaba las decisiones del negocio”, dijo Castillo que era un niño cuando su familia se marchó de Cuba.

“Recuerdo cuando [Angelita] prestaba sus vestidos para las telenovelas de CMQ Televisión a finales de 1950”, dijo el diseñador Alejandro Galindo, que por aquella época iniciaba su carrera en el medio desempeñando múltiples oficios. “Como todavía no existía departamento de vestuario los productores pedían ropa a las casas de moda más importantes de La Habana. Y Angelita Novias era una de ellas. Allí se podían encontrar vestidos únicos que agregaban un toque de elegancia a los personajes de las producciones”.

Al principio la familia Castillo vino a Miami, pero en ese año 1960 en la ciudad no había trabajo. Los padres dejaron a los hijos con un familiar y se fueron a Nueva York en busca de oportunidades. Allí Angelita volvió a emplear sus manos para confeccionar trajes para la comunidad de cubanos , mientras trabajaba en una factoría.

En la avenida 12 y la primera calle nació el primer Angelita’s Novias de Miami. “La familia vivía en la parte de atrás”, recuerda Castillo. Cuando el negocio empezó a crecer, lo mudaron para el downtown, en el 112 NW Flagler St.

“Mi mamá le hizo una bata cubana a Celia Cruz. ¿Quién sabía entonces hacer aquí una bata cubana?”, recordó María C. Kelly, hija de Angelita. También le hizo trajes a Olga Guillot, a Aleida Leal y confeccionó el vestuario de una telenovela que se hizo en Miami en los años 1960, Santa Bárbara, amplió.

“Entonces había muchos homenajes en el Dade County Auditorium. Se hacían para los artistas que llegaban al exilio”, recordó Kelly. También era una época en que la mayoría de los exiliados alquilaban los trajes. “No había dinero para muchas cosas”, acotó Kelly.

A Angelita se le ocurrió una idea con la que todos podían ahorrar, al menos en gasolina. Compró un edificio y concentró allí varios servicios de las celebraciones: las fotos, los trajes y los arreglos florales. Para eso compartió el espacio con el fotógrafo Rey Grafos y con Saborido Flowers, fundado por Antonio Saborido.

“El nuevo edificio se inauguró a principios de 1975. Estaba en 2046 West Flagler St. Hicimos un fashion show muy grande y Aleida Leal fue la maestra de ceremonia”, recordó Kelly, que ella misma participó en el desfile.

En 1980, Angelita se retiró y le vendió el negocio a Grafos y a Saborido, pero no se detuvo. Se puso a estudiar inglés porque nunca había tenido tiempo para hacerlo.

“Dice mi hermana que fue entonces cuando perdió su acento español”, comentó Castillo sobre su madre, que entonces sacó el diploma de GED (equivalente a los estudios secundarios) y viajó a Chile a ayudar a su hermana misionera a construir un taller de costura para jóvenes humildes.

“Mi mamá era una mujer del futuro, muy arriesgada”, concluyó Kelly.

“Era absolutamente bella”, acotó Castillo. “Todos lo decían, a los 90 años tenía una piel muy linda”.

A Angelita la sobreviven, además de sus hijos, René y María, cuatro nietos y cuatro bisnietos.

Para recordarla se celebrará una misa en la parroquia de Saint Louis Catholic Church, 7270 SW 120 St., el lunes13, 7 p.m. En vez de flores, la familia pide se hagan donaciones a Alzheimer’s Association.

©2014 El Nuevo Herald (Miami)

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