- Associated Press - Friday, October 3, 2014

En marzo, la muerte de Cheri Rollins pareció una historia trágica pero muy familiar: Rollins, drogadicta en vías de recuperación, se apareció en estado de embriaguez en casa de un vecino suyo de Miami, perdió el conocimiento encima de un colchón y nunca despertó.

La causa de su muerte: una sobredosis combinada de heroína, cocaína y alcohol.

Pero este mes, la policía se enteró de que había una historia escalofriante detrás de la muerte de la activista comunitaria de 28 años de Philadelphia que estaba de visita. Esta semana, detectives de homicidios de Miami, en un caso poco habitual de asesinato, arrestaron al hombre que ellos consideraron responsable de la sobredosis de Rollins.

Una mujer alegó que su novio, el traficante de drogas de Miami Raymundo Rodríguez Fernández, había estado suministrándole continuamente a Rollins heroína de alta potencia, hasta que la mujer se puso “casi catatónica” y “empezó a murmurar de forma ininteligible”, según la policía.

Cuando Rollins perdió el conocimiento, Fernández empezó a “abofetearla violentamente” en el rostro, le dio puñetazos en la cabeza y luego le echó hielo dentro de los pantalones y le arrojó agua en la cara.

Al ver que eso no funcionaba, Fernández llamó a un amigo suyo, quien vino y le inyectó en el brazo una mezcla de agua corriente y sal de mesa, que se suponía reviviría a Rollins.

A pesar de las súplicas de su novia de que llamara al 911 o que llevara a Rollins de urgencia al hospital, Fernández se negó, y en lugar de eso la dejó sobre un colchón para que durmiera hasta que se le pasara la nota de la heroína, de acuerdo con una orden de arresto dada a conocer el jueves.

No fue hasta casi ocho horas después que Fernández – tras esconder sus drogas y un arma de fuego – permitió a su novia que llamara al 911 para Rollins. Los paramédicos la llevaron de urgencia al hospital. Rollins murió.

“Lo que él hizo con ella fue una crueldad”, afirmó la madre de Rollins, Francisca Sánchez. “Eso fue inhumano. Ella no se merecía eso”.

Detectives de la policía de Miami presentaron esta semana una orden de arresto por asesinato a Fernández, quien está encarcelado en Palm Beach por cargos de robo con allanamiento de morada.

En Philadelphia, Rollins era conocida como “Sheddy”, y trabajaba como activista comunitaria, en particular en la comunidad gay y lesbiana de la comunidad. Como codirectora del grupo de activismo Philadelphia Student Union, Rollins luchaba contra la privatización de las escuelas.

“Ella estaba motivada de verdad por su amor a la gente y la creencia de que todo el mundo tenía derecho a una vida libre de opresión”, dijo su amiga y colega activista Kimberly Murray.

Rollins, madre de un niño de 8 años, trabajó además varios años para Detroit Summer, un grupo que ayuda a jóvenes en situaciones de riesgo por medio de la música y las artes. Era tan querida que sus amigos allí ayudaron a recaudar más de $10,000 para sus gastos funerales, dijo su amiga Ill Weaver.

“Pudimos recaudar eso en un plazo de una semana”, dijo Weaver.

En marzo, Rollins estaba en Miami visitando a su novia Johanna Clarke. Ellas se estaban quedando en una casa en la cuadra de los 100 de NE 45 Street en el barrio de Buena Vista, justo al norte del muy de moda Design District.

En la noche del 11 de marzo, Clarke estaba en el trabajo cuando Rollins, como lo hacía a menudo, le texteó para decirle que iba a pasar un rato con sus vecinos.

Rollins nunca regresó esa noche. No fue hasta las 4:45 de la madrugada siguiente que Adriana Laverde, la novia de Fernández, golpeó frenética a la puerta diciendo que Rollins estaba en su casa y que “se sentía mal”. Los paramédicos no pudieron revivirla.

Rollins, dijo luego su novia al detective de Miami Eutimio Cepero, había estado adicta a la heroína pero llevaba más de un año sin usarla. Laverde alegó que la mujer había llegado a su casa tambaleándose, borracha y “muy ida”.

Laverde alegó que ella había puesto a Rollins en un colchón y la había escuchado “roncar sonoramente durante toda la noche”, según una orden de arresto preparada por Cepero y la fiscal Rebecca DiMeglio.

“Yo sabía que ellos estaban mintiendo”, dijo Sánchez, la madre de Rollins. “Mi hija nunca habría hecho eso. Eso fue una historia que ellos inventaron para cubrirse”.

No fue hasta septiembre que Laverde dijo la verdad. Ella admitió que había mentido porque Fernández “amenazó con matarla a ella y a su hijo si ella reportaba la verdad”.

Laverde reveló que Fernández, con el programa de reality TV “Cops” a todo dar en el televisor, tomó una nueva camada de su producto y “se la puso justo debajo de la nariz a la víctima”.

Rollins olió la muestra y empezó a quedarse dormida. No obstante, Fernández le dio enseguida por lo menos tres dosis de la droga, según la orden de arresto.

“Aquí nadie va a llamar a la policía”, dijo Fernández a Laverde mientras ella le rogaba que ayudara a Rollins, contó ella.

Fernández, de 59 años, es un violento criminal de carrera que ha estado varias veces en la cárcel por cargos de robo y droga.

La fiscalía de Miami-Dade lo acusó de asesinato de primer grado bajo una cláusula poco usada de la ley que penaliza a todo aquel que dé a un adicto cocaína o heroína y que el incidente produzca la muerte del mismo.

©2014 El Nuevo Herald (Miami)

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