- Associated Press - Monday, April 20, 2015

Mi padre nunca fue un mago de las finanzas, pero fue capaz de manejar las de él y de su esposa. O al menos eso pensábamos mis hermanos y yo. A los 86 años tuvo que dejar de practicar tenis. A los 87, su salud comenzó a deteriorarse. Yo, al ser la que vivía más cerca, asumí la tarea de comenzar a revisar sus archivos.

No pasó mucho tiempo antes de darme cuenta de que Fred, un “consultor financiero” que conocieron en un seminario financiero auspiciado por la iglesia, invirtió $50,000 en lo que se suponía iba a ser un instrumento de fondos de la iglesia Luterana para el que no había documentación alguna. Cuando la solicité, Fred envió un documento de una palabra en un papel en blanco sin encabezado y sin ninguna validez legal.

Lo que siguió fue francamente feo, complicado por orgullo (mis padres), lágrimas (mías) y acusaciones (por Fred) de que nosotros los hijos estábamos tratando de “robar” dinero.

En estos días pre-Madoff, la oficina del Alguacil del Condado de Collier no quiso involucrarse, a pesar de los mejores esfuerzos de una experimentada periodista (yo) y de una ex candidata gubernamental (mi hermana).

La familia de mi esposo tenía sus propios problemas. Aunque no había fraude en esa saga, estaba todo igualmente mezclado con la testarudez y el orgullo de los padres.

Expertos financieros y aquellos que han enfrentado tales escenarios con los padres y las parejas de edad avanzada, ofrecen estos consejos:

Maneje los negocios como negocios. Coordine una reunión con sus padres para discutir los deseos financieros y los planes del final de la vida, incluyendo testimonios en vida y poder notarial médico.

Muchas veces en estas situaciones las personas ajenas, que no tienen una inversión emocional, pueden ser de ayuda.

Algunas preguntas pueden obtener mejores respuestas, ya sea que sus padres o usted acudan a un banquero, un abogado de familia o un consultor financiero para asesoría.

Carolyn Rosenblatt, autora de libros como The Family Guide to Aging Parents (Guía familiar para padres de edad avanzada) y Guide to Working With Aging Clients (Guía para trabajar con clientes de edad avanzada), ambos serán publicados en esta primavera, sugiere que los consultores financieros pregunten a cada cliente a cierta edad (digamos, 65 años) estas cinco preguntas.

¿Si usted resulta impedido por alguna razón y no puede realizar decisiones financieras por cuenta propia, quién quisiera que las tomara por usted?

¿Firmaría un poder notarial duradero señalando a esa persona para que específicamente actuara con nosotros a nombre suyo en caso de que se incapacitara?

¿Estaría dispuesto a firmar un documento, renunciando a sus derechos de privacidad, que nos permita contactar a alguien que usted haya asignado en caso de que estuviésemos preocupados por su capacidad mental para tomar decisiones financieras seguras?

(Cuando corresponda) ¿Ha tenido usted alguna conversación para ayudar a sus herederos a prepararse para manejar la herencia que usted planifica dejarle?

En caso de una emergencia, ¿podemos tener su permiso para contactar a una persona que esté autorizada para actuar en su nombre durante la emergencia? ¿Puede usted proveer la información para contactar a esa persona o personas? ¿Ha dado usted autorización a esa persona para actuar en su nombre?

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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