- Associated Press - Monday, April 20, 2015

“¿Qué tipo de país somos? Todo el mundo necesita seguro”.- Francesca Corr, madre soltera.

A Francesca Corr le tomó dos minutos averiguar por qué cae dentro de la brecha de cobertura.

En febrero, Corr, de 38 años, paralegal de inmigración, trató de inscribirse en un plan de salud subsidiado bajo la Ley de Atención Médica Asequible (ACA) con ayuda de un consejero de inscripción en el centro de salud Doris Ison Health Center de Community Health of South Florida en Cutler Bay.

El consejero dijo a Corr que ella no califica para ayuda del gobierno porque la madre soltera de cinco hijos de South Miami, que tiene a cuatro hijos como dependientes suyos, gana $24,000 al año: demasiado para recibir Medicaid en la Florida y $4,000 por debajo del ingreso anual que necesita para calificar por asistencia financiera para comprar un plan bajo Obamacare.

“Yo llegué aquí pensando: ‘Qué bien, estoy contenta de que voy a conseguir un seguro médico’”, dijo Corr, “porque no califiqué para Medicaid, de modo que eso significa que voy a calificar para algo”.

Decepcionada, Corr dijo que ella tendrá que arreglárselas sin cobertura. Ella no ha tenido problemas médicos graves, pero sabe que su salud es crucial para el bienestar de sus hijos.

“El día que yo no esté aquí”, dijo, “ellos no tienen a nadie”.

Consciente de que se suponía que Obamacare hiciera los seguros de salud más asequibles para millones de estadounidenses, ella se esfuerza por entender la lógica legislativa que la ha dejado a ella atrapada en la brecha de cobertura.

“Están creando un plan que se supone que ayude a la gente”, dijo, “pero están… dejando que la gente se queden abandonadas”.

“Me siento estafada”.

“Yo no puedo vivir una vida normal”. - Génesis Rodríguez, estudiante de tecnología automovilística.

Génesis Rodríguez no pudo asistir a la fiesta de su graduación de secundaria en mayo del 2012 porque los cirujanos le estaban extirpando parte del pulmón derecho en el Jackson Memorial Hospital.

Rodríguez, de 20 años, padece de síndrome de lóbulo medio, un padecimiento crónico que le ha causado repetidas batallas con la neumonía y toda una vida de enfermedades respiratorias incluyendo asma, falta de aire y ataques de tos que acabaron llevando a los cirujanos a extirparle el 40 por ciento del pulmón.

En ese momento, Florida KidCare, el programa estatal de Medicaid para menores de edad, cubrió el costo de la operación y de los costosos medicamentos y equipos que ella necesita.

Las medicinas por receta que Rodríguez necesita para mantener sus pulmones libres de líquido - incluyendo Flovent, Advair y Albuterol - pueden costar hasta $4,000 al mes. Eso es alrededor de la mitad de lo que su madre ganó en todo el año pasado, alrededor de $9,000, en su trabajo a tiempo parcial.

Pero en julio Rodríguez cumplió 19 años y dejó de ser elegible para KidCare. Como ella no está discapacitada ni embarazada, y tampoco es una madre con hijos dependientes, Rodríguez está excluida de la cobertura de Medicaid en la Florida.

Rodríguez, quien estudia a tiempo completo una clase de reparación de automóviles en Braman Motors a través del Instituto Técnico Lindsey Hopkins, se trata su enfermedad respiratoria crónica con fármacos sin receta tales como Alka Seltzer Plus y jarabe para la tos.

Para ella, carecer de seguro significa que no puede llevar una vida que parezca normal.

“No puedo caminar mucho”, dijo. “No puedo correr, ni ir al gimnasio… Eso tiene un efecto muy fuerte en mis sueños y en lo que quiero hacer con mi futuro”.

“Normalmente uno va al médico cuando le pasa algo así’’. - Carlos Cuervo, vendedor.

La Gran Recesión del 2008 golpeó muy duro a Carlos Cuervo.

Cuervo, quien había sido el próspero propietario de una flota de camiones de transporte de automóviles, contó que pasó de un ingreso anual de $300,000 a quedarse sin un centavo en el transcurso de un solo año.

“Cuando la gente empezó a perder sus casas, ellos dejaron de comprar carros”, dijo. “una vez que dejan de comprar carros… los lotes de autos usados no mueven sus carros, y no me llaman para que lleve su inventario a una subasta. Y eso es lo que yo hacía”.

Los contratos de Cuervo con las mayores concesionarias de autos de Miami se fueron reduciendo, dijo. Poco después de eso, Cuervo se divorció de su esposa, quien tiene la custodia de el hijo de 9 años de ambos, y se mudó a una tienda, gracias a un amigo que era dueño del centro comercial.

Desde entonces, él ha estado sin seguro médico, y no es elegible para Medicaid en la Florida.

Cuervo, de 40 años, no ha ido a un médico en siete años. Aunque se considera saludable, él tuvo recientemente un un trastorno de la piel que le causó dolor parecido al de las quemaduras de sol, dijo, y tirantez en los músculos y los tendones.

“Fue aterrador”, dijo. “Fue algo extremadamente doloroso”.

Sin poder pagar una consulta médica, Cuervo recurrió a la Internet, probó tomar vitaminas, cambió su dieta y se puso a tomar Benadryl por si se trataba de una alergia.

Ya no siente dolor, pero Cuervo dijo que no sabe qué lo causó o si regresará. Si él recibiera Medicaid, podría ir a un médico y averiguarlo.

En marzo, él empezó a trabajar a tiempo completo en ventas y se mudó a un apartamento efficiency en Medley. El ahora recibe un sueldo que debería hacerlo elegible para recibir ayuda del gobierno para comprar un seguro de salud, algo que considera irónico ya que él no calificó para recibir ayuda alguna cuando estaba en la calle.

“Ahora”, dijo, “ganaré suficiente dinero para recibir Obamacare”.

“Ellos no me quieren dar una oportunidad. Eso no está bien… Yo puedo quedarme ciega”. - Edith G. Camacho.

El año pasado, Edith G. Camacho se operó de cataratas y fue atendida con regularidad por un oftalmólogo debido a que tiene glaucoma en ambos ojos.

Camacho y su esposo Carlos, de 49 años, estaban cubiertos por un plan privado a través de Aetna. Con subsidios de Obamacare, los Camacho pagaban una prima mensual de $170 por su cobertura.

Pero el año pasado, al pequeño negocio de Carlos Camacho, un servicio de corte de césped, no le fue tan bien como en el 2013, y los ingresos de la familia cayeron por debajo del nivel federal de pobreza.

Eso significa que los Camacho ya no califican para el subsidio que hacía asequible su plan de Obamacare. Y, debido a que no están discapacitados y que sus hijos son adultos, los Camacho han caído en la brecha de cobertura.

“Yo les pedí que me dieran otra oportunidad, que me ayudaran a conseguir un plan más barato”, dijo Edith Camacho, de 52 años, de su experiencia tratando de volver a inscribirse para un plan subsidiado. “Ellos me dijeron: ‘No.’ Obamacare no nos puede ayudar porque no calificamos”.

La última vez que Camacho vio al oftalmólogo fue en noviembre. Para tratar su glaucoma, ella usa dos gotas para los ojos diferentes, ambas por receta. Ella las compra a precio descontado en el Doris Ison Community Health Center, donde puede ver a un médico de atención primaria por $25 la consulta.

Pero no hay oftalmólogos en el centro, dijo Camacho. Un médico familiar le aconsejó que presentara una solicitud para un programa de bajos ingresos a través del Instituto Ocular Bascom Palmer (Bascom Palmer Eye Institute). Camacho llamó en marzo y recibió una cita para fines de junio.

“Mis ojos son muy importantes para mí…. Pero ellos no quieren darme la oportunidad de recibir cobertura”, dijo ella. “Eso no está bien. ¿Cómo es posible que haya gente en otros estados que tenga derecho a Medicaid y yo no?”

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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