- Associated Press - Sunday, June 7, 2015

Onofre Perez, un ex revolucionario cubano que pasó casi tres décadas como preso político en la isla comunista, murió la tarde del sábado por heridas causadas el mes pasado, cuando cruzaba una calle de la Pequeña Habana y fue atropellado por un conductor que abandonó la escena del accidente.

El otrora conductor de camión, de 79 años de edad, arribó a Miami en 1989 para comenzar su nueva vida. Murió en el Hospital Jackson Memorial, donde batalló por su vida los diez días pasados.

Algunos familiares y amigos dicen estar molestos con la investigación policial y creen que lo que le ocurrió a Pérez no fue un accidente. Los investigadores no estaban disponibles para responder las preguntas de la prensa la noche del sábado.

El 27 de mayo, día que fue atropellado, Pérez acababa de bajarse de un autobús que había tomado en la mañana para ir a una cita con su doctor, cuando un conductor que manejaba con exceso de velocidad en la calle Flagler, cerca de la avenida 37 del noroeste, lo arrolló. El automóvil retrocedió sobre Pérez y se dio a la fuga, según la familia.

Onofre Pérez era reconocido en la comunidad del exilio cubano.

Fue capitán del grupo rebelde conocido como el “Segundo Frente”, que buscó derrocar al dictador cubano Fulgencio Batista, en los años 50.

Posteriormente, Pérez sirvió como el guardaespaldas en jefe del legendario rebelde William Morgan, un ex soldado de la armada estadounidense, quien fue arrestado por el régimen de Castro en 1961. Fue condenado junto a Morgan durante un breve juicio, en la prisión La Cabaña.

Después de pasar 28 años en prisiones cubanas, Pérez, conocido como “plantado”, llegó a Miami con la esperanza de iniciar una vida simple.

Tenía 54 años entonces y el Miami Herald lo reseñó en un artículo sobre el Comité Cubano de Bienvenida, un grupo que les ayudaba a ex presos políticos a llegar desde la isla.

Pérez era parte de un grupo de prisioneros que llegaron a Miami como parte de un renovado acuerdo de inmigración con Cuba, que permitió que unos 3 mil refugiados llegaran a Estados Unidos.

“Él no le tenía miedo a nada. Ni a la cárcel, ni al Escambray, ni a nadie. Era lo que en Cuba llamamos un macho. Pero también era un caballero”, dijo su amiga Olga Morgan Goodwin, quien sirvió en las montañas Escambray con Pérez, en el Segundo Frente.

Los arreglos fúnebres están en desarrollo.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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