- Associated Press - Monday, May 18, 2015

A las 5:45 a.m. de todos los días entre semana, cuando el cielo está aún tan negro como el carbón, María Rojas deja su casa en Hollywood para embarcarse en un viaje de 90 minutos hacia La Pequeña Habana. Toma dos autobuses hasta su trabajo como profesora de idiomas extranjeros en una escuela charter. “Eso me agota”, dijo la mujer de 60 años de edad.

Daniel Rodríguez, de 25, sale de un extremo opuesto del condado para su igualmente arduo viaje. Maneja 28 millas en su nuevo Nissan Rogue desde South Miami hasta Brickell Key, donde trabaja como analista financiero en Sony Pictures Entertainment. En la mañana, le puede tomar hasta dos horas llegar a la oficina. “El tránsito es lo suficientemente malo, pero cuando lo mezclas con los locos que manejan, la lluvia y las construcciones, es extremadamente frustrante”.

Marsha Tejeda maneja 24 millas defensa con defensa desde Aventura a South Miami, donde trabaja en la oficina corporativa de Baptist Health del Sur de la Florida. El viaje es brutal tanto de ida como de vuelta, pero pasa el tiempo al escuchar noticias por radio y hablar con los amigos, como con otra conductora de largas distancias, Debbie Hurwitz, quien va desde Kendall a la oficina en North Miami de los Servicios Comunitarios Judíos del Sur de la Florida. Mientras conversan en sus aparatos blue tooth, ambas mujeres se alertan la una a la otra de los obstáculos potenciales en el flujo del tránsito. “De ninguna manera podría haber hecho este viaje cuando mis hijos eran más jóvenes”, dijo Tejeda. “Consume demasiado de mi tiempo”.

Estos son algunos de los viajeros extremos del Sur de la Florida, los trabajadores que acumulan docenas de horas y cientos de millas para ganar un salario. Para la mayor parte, el viaje en un sentido les lleva entre una y dos horas - si no hay accidentes, el tiempo está bueno, se han terminado los arreglos en la vía y sonríen los dioses del tránsito. En comparación, el residente promedio de EEUU consume típicamente un poco más de 25 minutos en auto en cada uno de los sentidos del viaje, o un total de 4 horas y 15 minutos semanales, de acuerdo con la Oficina del Censo de EEUU.

Los viajeros extremos añaden al menos 10 horas, o todo un día de trabajo, a su semana laboral. Algunos consumen aún más: el equivalente de un trabajo a tiempo parcial de 20 horas.

Miami tiene el séptimo peor tránsito de todas las áreas metropolitanas en Estados Unidos, según un análisis de los fabricantes de los GPS TomTom. Las clasificaciones del año pasado, que usaron los datos del 2013, revelaron que el viaje promedio en Miami toma un 24 por ciento más que si no hubiera tránsito. Este año, con base en los datos del 2014, esto aumentó a un 27 por ciento. Otro estudio, de la firma INRIX con sede en Seattle, colocó el tiempo que se gastó en el 2014 en el tránsito en 37 horas, contra 28 horas en el 2012.

María Rojas lee y organiza su horario de trabajo en el autobús. Daniel Rodríguez tararea música, planea sus salidas en el tiempo libre y habla por teléfono con su padre. Debbie Hurwitz llama a sus amigos para “compadecerse sobre el tránsito” y escuchar las noticias por radio.

“Hay ciertas cosas que se dan por hechas en la vida”, dijo filosóficamente Hurwitz, “y para mí, este viaje es una de ellas. No me voy a mudar, no voy a cambiar de trabajo, así que es algo en lo que estoy atrapada”.

Los viajeros extremos son expertos en la logística para ir del Punto A al Punto B. Rodríguez mantiene un cronograma de dónde se supone que esté y a qué hora debe estar allí para llegar a tiempo a la oficina. Y si Tejada tiene una reunión a primera hora de la mañana en el sur, “a la que no puedo llegar tarde”, pasa la noche en la casa de su novia.

Pero todos estos viajes tediosos pueden y se convierten en costosos. La gasolina suma hasta cientos de dólares mensuales. Y también lo pueden hacer los peajes. Los choferes se ven forzados a ajustarse. Por ejemplo, tanto Tejeda como Hurwitz manejan híbridos. Y Rodríguez dice que cambió su menos eficiente Kia Sportage por su Rogue del 2015, que le ahorra alrededor de medio tanque de combustible a la semana.

Para los que utilizan el transporte público, los gastos también son altos. Rojas paga $95 mensuales en el autobús expreso y otros $15 para hacer conexiones. El usar el transporte público tiende a ser más barato que manejar. Sin embargo, de acuerdo con un estudio de la Fundación Miami, el transporte consume hasta un 22.2 por ciento del ingreso promedio en Miami-Dade - más que en otras grandes áreas metropolitanos.

Sin embargo, el costo no es sólo la parte diabólica de un viaje largo. Es el tiempo perdido, la frustración y el estrés que merma la psique. Lo peor que se enfrenta todos los días, de acuerdo con un estudio de Texas, es el viaje matutino. Lo tercero peor es el viaje por la noche. Un estudio de una década de personas casadas en Suecia también encontró que las parejas con viajes largos - más de 45 minutos en auto - eran un 40 por ciento más propensas a divorciarse.

“Cuando estoy sentado en el tránsito, pienso en todas las cosas que podría estar haciendo”, dijo Rodríguez. “Se pierden tantas horas”.

Agregó Tejeda: “Debo hacer todas mis gestiones el fin de semana y cocinar los domingos. Es el único tiempo que tengo”.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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