- Associated Press - Monday, December 1, 2014

La temporada de huracanes del Atlántico del 2014, que terminó este domingo, extendió la extraordinaria buena racha de la Florida por noveno año consecutivo, la mayor extensión de tiempo que se recuerda sin un solo huracán golpeando al estado.

Es el tipo de racha favorable que aman los residentes y temen los meteorólogos.

Los pronosticadores están inquietos con la creciente complacencia pública. Porque en lo que se refiere a los huracanes en la Florida, la calma nunca dura. El más largo respiro anterior fue de sólo cinco temporadas, de 1980 a 1984.

“Me gustaría que se estableciera otro récord el año próximo… pero eso no es realista”, dijo Dennis Feltgen, portavoz del Centro Nacional de Huracanes. “Esta extraordinaria racha llegará a su fin, y tenemos que estar preparados por si ocurriera en el 2015”.

La temporada del 2014 también ha sido el segundo año consecutivo en que el Atlántico se ha mantenido relativamente tranquilo, dijo Gerry Bell, principal meteorólogo del Centro de Predicción del Clima de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés).

Eso introduce la pregunta de si el clima en el trópico está finalmente pasando a un ciclo menos activo después de casi una década de varias de las temporadas más intensas registradas, incluyendo una marca de todos los tiempos de tormentas con nombre, con 28 en el 2005. La Florida resultó repetidamente golpeada en el 2004 y el 2005.

“¿Es posible que estemos saliendo de este período de alta actividad? No lo sé”, manifestó Bell. Pero la temporada del 2014, agregó, podría suministrar las claves que buscamos.

También alertó que “incluso si se suprime toda la temporada, puede haber un gran huracán si las condiciones son propicias por incluso sólo una semana”. Andrew es el ejemplo más aterrador.

La monstruosa tormenta de Categoría 5 de 1992 ocurrió en un año en que sólo hubo siete tormentas y sólo un huracán – Andrew. Pero esa tormenta produjo la muerte de 44 personas, destruyó 63,000 viviendas y causó daños por $25,000 millones sólo en la Florida.

Por contraste, la temporada del 2014 tuvo ocho tormentas con nombre. Seis se convirtieron en huracanes. Sólo una, Gonzalo, creció hasta una tormenta Categoría 4 – la primera en el Atlántico desde el 2011 – pero se mantuvo lejos de la costa de EEUU.

En mayo, los meteorólogos predijeron una temporada lenta con de ocho a 13 tormentas, con tres de ellas convirtiéndose en huracanes, y sólo una o dos llegando a una tormenta mayor con vientos mayores a las 111 millas por hora (mph).

Pero los meteorólogos estaban nerviosos al salir de un vaticinio del 2013 que fue mucho mayor que lo que ocurrió: ellos habían predicho una temporada activa con hasta 20 tormentas con nombre, entre siete y 11 huracanes, y hasta seis huracanes mayores. Pero ese año produjo apenas 13 tormentas con nombre. Sólo dos, Humberto e Ingrid, se convirtieron en huracanes – aunque Ingrid, junto con la tormenta tropical Manuel, cargaron con la culpa de 192 muertes en México y daños estimados en $5,700 millones.

William Gray, el climatólogo de la Universidad Estatal de Colorado que fue pionero de las predicciones antes de comenzar la temporada, calificó al 2013 de un fiasco y culpó de ello al colapso de la profunda corriente llamada Circulación Termohalina. La corriente puede transportar agua salina, más densa, de los océanos polares de la Tierra y ayudar a alimentar los huracanes.

“El año pasado fue verdaderamente un vaticinio difícil. No fue sólo para nosotros. Todos salieron mal. Y este año todos lo hicieron realmente bien”, dijo Philip Klotzbach, quien trabaja con Gray en el Proyecto Meteorológico Tropical de la universidad.

Esta temporada tuvo un comienzo ruidoso con Arthur, la primera tormenta con nombre, que se fortaleció hasta convertirse en un huracán mientras se deslizaba frente a la costa de EEUU. Cuando tocó tierra, arruinando las celebraciones del 4 de julio en Carolina del Norte, se había fortalecido a Categoría 2.

El 1 de agosto, el Huracán Bertha cruzó las Antillas Menores como una tormenta desorganizada, pero creció al viajar por el océano y golpeó a Europa occidental con vientos de más de 100 mph, provocando amplias inundaciones.

A finales de agosto, el Huracán Cristóbal surgió en y golpeó a la isla de La Española, donde se ahogaron cuatro personas. También se culpó a la tormenta de otra persona ahogada en Turcos y Caicos, así como otras dos frente a Nueva Jersey y Maryland, donde dos nadadores se perdieron en las rápidas corrientes. Dolly tocó tierra en México como una tormenta tropical, pero pronto se deshizo. A la semana, se formó Edouard, que creció hasta Categoría 3. La tormenta se mantuvo lejos de la costa, pero se recordará por ser la primera en la que la NOAA desplegó drones no tripulados.

Le siguió Fay, que creció a una tormenta Categoría 1 y causó destrozos en Bermuda, al derribar líneas eléctricas y árboles, y causó inundaciones. Justo cuando se recuperaba la isla, la golpeó Gonzalo. La mayor tormenta de la temporada, Gonzalo llegó a Categoría 4, pero se debilitó a Categoría 2 cuando llegó a Bermuda. Hanna fue la última tormenta tropical de la temporada, afectando a Nicaragua y Honduras a finales de octubre.

La razón para la lenta temporada se debió principalmente a los fuertes vientos en la alta atmósfera, que puede deshacer una tormenta, dijo Klotzbach.

“Cuando tienes eso, básicamente tienes un forcejeo sobre la tormenta”, dijo Klotzbach. “No le gusta ser empujada en una dirección y, más arriba, ser tirada hacia otra”.

La temporada de monzones de Africa Oriental, donde nacen los huracanes del Atlántico, fue también leve como se esperaba.

Estos patrones dominantes del clima son típicamente en lo que confían los meteorólogos para vaticinar una temporada. Otro factor que regularmente guía a los huracanes en el Atlántico es el patrón de El Niño, una banda de agua cálida que se desarrolla en el Pacífico y puede influir a la presión de aire sobre el océano. Anteriormente durante la temporada, los vaticinadores esperaban que ocurriera El Niño y ayudara a reducir las tormentas del Atlántico. El patrón nunca se desarrolló, pero los vientos fuertes en la atmósfera alta del Atlántico resultaron ser suficientes.

La predicción de este año también se vio ayudada por un aumento de los mejores modelos de computadora, dijo Bell. En los últimos cinco años, los modelos han mejorado dramáticamente con computadoras de alto poder.

“Ellas predicen cosas clave como la gradiente del viento”, dijo Bell. “¿Cómo dices ayer que se va a intensificar en un día y medio? Ellos quieren ser capaces de hacerlo con mucho más tiempo de anticipación, para poder alertar mucho mejor a las personas”.

©2014 El Nuevo Herald (Miami)

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