- Associated Press - Saturday, December 13, 2014

Dos días después de ser destituida de la Secretaría Municipal de Doral, Bárbara Herrera dijo sentirse sorprendida de que el alcalde Luigi Boria no le diera la oportunidad de defenderse durante una audiencia pública a pesar de que en la víspera le había expresado su respaldo.

Herrera calificó su despido como una vendetta en la que le extrañó que Boria permitiera un linchamiento político al negarle la palabra durante la sesión del miércoles para rebatir las alegaciones de ineficiencia laboral en su contra planteada por el concejal Pete Cabrera.

“Un día antes el alcalde me dijo que yo podía contar con su apoyo, que él sabía que yo trabajaba bien […] que sabía que yo era una persona decente, honrada”, dijo Herrera a el Nuevo Herald. “Terminamos esa conversación y hasta le di un abrazo. Sentí que me apoyaba, y que no permitiría que me linchen políticamente, pero él no dijo nada ni a favor ni en contra de mí [en la sesión]. Pero lo peor fue que no permitió que yo me defendiera”.

Boria no devolvió varias llamadas de el Nuevo Herald para recoger sus comentarios.

Tras más de nueve años como secretaria municipal, Herrera fue separada del cargo con el voto mayoritario de Boria y los concejales Sandra Ruiz, Christi Fraga y Cabrera, quien impulsó la propuesta. Votó en contra la concejal Ana María Rodríguez.

Cabrera, quien se desempeñó como concejal desde el 2005 hasta el 2012 y retornó en noviembre luego de derrotar en las elecciones a Bettina Rodríguez-Aguilera, había argumentado que Herrera era una funcionaria ineficiente que solía cometer “errores y descuidos” en la secretaría municipal.

Incluso Cabrera calificó a Herrera como una protegida del ex alcalde Juan Carlos Bermúdez, dispuesta a “hacer política sucia”. Bermúdez es enemigo político de Cabrera.

El viernes, Herrera reiteró que su despido es una represalia de Cabrera, a quien demandó judicialmente en el 2009 por hostigamiento y discriminación de género. Dos años después, luego de establecerse un acuerdo, Herrera recibió una indemnización de $36,500.

“Todo empezó cuando él hizo un pedido de archivos. Parte se lo pude dar y otra parte debía pagar como cualquier otro residente, por el trabajo de búsqueda. Esa no sólo fue mi determinación sino también la del entonces abogado municipal”, dijo Herrera.

Agregó que: “parece que esa respuesta no le gustó al señor Cabrera y un día entró a mi oficina muy enojado y físicamente usó su cuerpo para empujarme hacia una esquina y demandar que yo le diera los archivos. No me gustó ese trato, así que fui al Departamento de Recursos Humanos de la Ciudad, pero él no es un empleado municipal y no le podían hacer nada. Luego fui a demandarlo a la corte”.

Cabrera rechazó el viernes esas alegaciones. Dijo que Herrera pretendió cobrarle en aquella oportunidad cerca de $500 por pedidos de información referidos a gastos del presupuesto municipal, entre otros documentos.

“Luego de un mes, igual me tuvieron que entregar los documentos y no me cobraron ni un centavo”, dijo Cabrera. “A ella nunca la toqué. En un momento ella se me viró y me dijo que la estaba haciendo sentir incómoda, pero nunca estuve cerca de ella […] esa reunión en su oficina tomó unos cinco minutos. Esa acusación fue falsa y el acuerdo que la favoreció fue con la compañía aseguradora de la Ciudad, a pesar de que yo me opuse”.

Cabrera agregó que antes de volver al Concejo, en noviembre, había conversado en momentos distintos con Boria, Ruiz y Fraga, quienes presuntamente le expresaron su desencanto con el desempeño de Herrera.

Sin embargo, Herrera indicó que el año pasado el Concejo aprobó con el voto unánime de sus cinco miembros un aumento salarial del 20 por ciento: de $79,000 a $91,000.

“Si yo era tan mala trabajadora por qué me dieron un aumento del 20 por ciento”, criticó Herrera. “No tiene sentido”.

Herrera dijo que hubiera esperado que su profesionalismo prevaleciera en el debate municipal para decidir si la destituían o no. Añadió que actualmente evalúa con un abogado sus opciones legales, lo que incluye la posibilidad de entablar una demanda.

“Lo que esta experiencia me ha enseñado es que la maldad y la cobardía son igual de dañinas”, dijo Herrera. “En este caso, a mi me costó mi trabajo […]Si a mí me dicen que me apoyan, yo espero que me apoyen. Hubiera preferido que me digan no, no cuentes con mi voto, no cuentes conmigo. No me hubiera gustado oírlo, pero lo hubiera respetado”.

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