- Associated Press - Sunday, December 14, 2014

Como cualquier adolescente de 14 años, Sofía García ama hacer fotografías, cantar, y es fanática del Miami Heat.

Hasta que Sofía cumplió un año, sus padres, René y Elena García, solo tenían sospechas de que la pequeña sufría de problemas neurológicos. Además de que no caminaba, la niña volteaba completamente los ojos, no hablaba ni balbuceaba, y no podía contener la salivación.

Fue un ortopédico quien les aconsejó llevar a niña al Miami Children´s Hospital para una evaluación, y desde entonces Sofía ha sido diagnosticada con microcefalia, displasia del hemisferio frontal, retraso global, autismo y siringomielia, un daño en la espina dorsal producto de un agujero que se llena de fluido. Además, la niña ha sido operada de deformaciones en las piernas.

La rutina de Sofía es la misma cada día. Hasta las 2:30 p.m. la niña va a la escuela. De 3:30 p.m. a 4:30 p.m. recibe terapia de comportamiento, y de 5 p.m. a 6 p.m. recibe terapias de lenguaje y ocupacional en un centro especializado en la avenida Krome y la calle 320 de Homestead, a dos millas de su casa.

Pero en junio del año pasado el motor del único auto de la casa, el Honda Accord del 2000 de René, se dañó durante una inundación que cubrió todo el frente de la casa. Desde entonces, llevar a Sofía a las terapias se ha convertido en un calvario para la familia.

Logistic Care, la compañía de transporte contratada por el Medicaid para llevar a Sofía a las terapias, no ha ido a buscarlos en múltiples ocasiones.

Otras veces los ha dejado varados en el centro de terapias de la avenida Krome.

“Hemos perdido más de 40 sesiones de terapias por culpa del transporte”, dice Elena. “Pero lo peor es cuando nos han dejado en la terapia y no nos han ido a buscar, porque hemos tenido que regresar caminando desde allá”.

Desde agosto hasta diciembre, ya van tres veces que Elena ha tenido que regresar a su casa caminando, en una ocasión bajo la lluvia, con Sofía y Rachel, la hermana de 10 años que también recibe terapia ocupacional.

Para Elena, quien tiene que llevar a las terapias una maleta con ropa y otras provisiones para Sofía, pues la niña no está entrenada para ir al baño, el recorrido que tomaría cinco minutos en auto se convierte en una tortuosa caminata de una hora con las dos niñas.

“Yo las agarro a cada una con cada mano, pero no es fácil”, dice Elena. “Sofía tiene dificultades para caminar, y muchas veces se niega a hacerlo. A veces se tira al piso, o se trata de escapar de mi mano. Mi otra hija me trata de ayudar, pero, pobrecita, es chiquita, y Sofía no quiere que la agarre y entonces le pega. A veces no sé ni que hacer”.

Ambos padres se han quejado en repetidas ocasiones del servicio recibido por parte de la compañía de transporte Logistic Care mediante llamadas telefónicas a la compañía, al Medicaid, y a la trabajadora social que atiende a Sofía, pero hasta ahora no han logrado resolver la situación.

“Creo que se burlan de mi”, dice frustrado René, de 64 años. “Estoy realmente desesperado”.

Desde el 2011, René no ha podido trabajar por problemas de salud. Un accidente, una operación de tiroides, síndrome del túnel carpiano y problemas cardiacos lo obligaron a retirarse tempranamente, por lo que recibe una pensión reducida. A finales del año pasado estuvo más de tres meses bajo tratamiento psiquiátrico por depresión profunda.

Aunque René y un amigo han tratado de arreglar el auto, el motor tiene que ser reemplazado, y la familia no tiene manera de conseguir $1,200 para el arreglo.

En octubre, René envió una carta desesperada al gobernador del estado Rick Scott, con copias a varios representantes estatales, al senador Marco Rubio, y al alcalde Tomás Regalado, quejándose de la situación que está viviendo su familia con el servicio que les provee Martínez Transportation, la compañía asignada por Logistic Care para llevar a Sofía a las terapias.

“Mi caso ha sido peloteado de un lado a otro y nadie acepta la responsabilidad sobre el mismo”, dice René en su carta.

Yamilet Hernández, la terapeuta de comportamiento que atiende a Sofía desde agosto, asegura que Elena y René son unos padres ejemplares.

“Ellos hacen cualquier cosa por sus hijas, y les dan todo lo que pueden”, dice Hernández. “No se merecen la situación por la que están pasando”.

Como las terapias que Hernández le da a Sofía son a domicilio, muchas veces antes de llegar a casa de los García, Hernández les hace el favor de recoger a la pequeña Rachel de la escuela, porque no tiene transporte escolar.

Otras veces, el padre de un compañerito de Rachel que es amigo de René, la lleva hasta la casa.

Pero muchas veces la familia no puede conseguir algún vecino o amigo que les haga el favor, especialmente a los turnos médicos de Sofía en Miami. Desde hace más de un año no han podido llevarla al neurólogo.

Las terapias de comportamiento han dado muy buenos resultados y Sofía ha avanzado mucho.

Desde que Hernández visita la casa, Sofía ha dejado de comportarse agresivamente, ha comenzado a ir al baño, y realiza otra serie de actividades que demuestran que ha evolucionado satisfactoriamente.

“Es triste saber que muchas veces no pueda ir a las otras terapias”, dijo Hernández. “Todas las terapias que recibe Sofía son fundamentales para su desarrollo”.

©2014 El Nuevo Herald (Miami)

Visit El Nuevo Herald (Miami) at www.elnuevoherald.com

Distributed by Tribune Content Agency, LLC

Copyright © 2019 The Washington Times, LLC.

The Washington Times Comment Policy

The Washington Times welcomes your comments on Spot.im, our third-party provider. Please read our Comment Policy before commenting.

 

Click to Read More and View Comments

Click to Hide