- Associated Press - Sunday, November 23, 2014

Junio de 1950 llegó a Corea no solo con calor veraniego sino que el 25 de ese mes, luego de choques fronterizos con Corea del Sur y acciones amenazantes, Corea del Norte invadió a su vecino sureño, desatando un conflicto bélico que dejaría miles de soldados y millones de civiles muertos.

A miles de millas de distancia, en otro verano 64 años después, un grupo de ancianos de uniforme militar veían en la etapa final de sus vidas el reconocimiento del país por el cual muchos de sus camaradas murieron, al recibir, tras una prolongada batalla de otro tipo, la Medalla de Oro del Congreso, el galardón civil más alto que otorga EEUU, al Regimiento 65 de Infantería por su heroico papel en la Guerra de Corea, “la guerra olvidada’’.

“Esta historia ha estado en las sombras durante años’’, dijo el ex capitán del Ejército Frank Medina, quien lucha para que se reconozca el valor y sacrificio de una unidad militar a la cual perteneció su abuelo, que por mucho tiempo fue objeto de discriminación, tanto él como sus camaradas en el Ejército de EEUU.

Medina, natural de Ponce, Puerto Rico, creció en Bridgeport, Connecticut. Graduado de la Academia Militar de West Point, aunque se licenció del Ejército, sigue siendo un guerrero y libra una nueva cruzada. La misión que ha asumido, dijo, es “que este tema quede tejido en el tapiz de la cultura americana’’.

Inspirado por Raúl Reyes Castañeira, cercano amigo suyo e incansable luchador por los veteranos de Corea, el ex militar fundó la Borinqueneers Congressional Gold Medal Alliance en el 2012, la cual dirige, grupo que logró en julio pasado un sueño acariciado especialmente por numerosos veteranos ya ancianos que sirvieron a EEUU en el campo de batalla con valor y sacrificio y sufrieron discriminación en su contra por motivos culturales y de idioma.

LA INVASION

El 25 de junio de 1950, Corea del Norte lanzó una invasión que había sido precedida por numerosos choques fronterizos con Corea del Sur y acumulación de tropas norcoreanas en la frontera. Los norcoreanos contaban con un ejército muy capaz, entrenado y equipado por los rusos, el cual sumaba 135,000 hombres, muchos de ellos veteranos.

Temiendo que Corea del Norte intentara invadir toda la pensínsula, EEUU tenía en la región 65,000 soldados de la República de Corea con armas ligeras, y había aportado 500 asesores. Norcorea contaba con tanques T34 de fabricación rusa. Sin armas adecuadas, las defensas surcoreanas se derrumbaban. Corea del Norte ocupó el Sur el 28 de junio de 1950, tres días después de que lanzara la invasión.

EEUU entró al conflicto el 30 de junio, por orden del presidente Harry S. Truman. Igualmente, la ONU se unió a la acción militar. Al iniciarse la guerra, EEUU inició una rápida movilización de sus Fuerzas Armadas. Una de las unidades llamadas a combate fue el Regimiento 65 de Infantería, de Puerto Rico. En ese momento, el regimiento no contaba con suficiente personal, tenía 92 oficiales y 1,895 soldados, comparado con las 4,000 tropas que se les había autorizado. Más de la mitad de los oficiales del regimiento eran anglos, mientras que todos los soldados eran de Puerto Rico.

Las tropas de la ONU, en la ofensiva, traspasaron el Paralelo 38, lo que provocó que China entrara en el conflicto.

COMBATES EN PUSAN

El mes de agosto de 1950, el conflicto bélico aún no entraba en su segundo mes. En la ciudad portuaria de Pusán, en el extremo sur de la península coreana, las fuerzas de EEUU defendían un perímetro suyo de las tropas del gobierno comunista de Norcorea. Mientras, el regimiento segregado 65 de Infantería, constituido casi en su totalidad por puertorriqueños, gran parte de los cuales no podían hablar inglés, se encaminaba a la zona de combate. Allí, debían tomar parte en una ofensiva de EEUU y avanzar hacia el norte.

Tres meses después del inicio de la guerra, en septiembre, los Borinqueneers arribaron a Pusán.

El 23 de septiembre del 1950, en Pusán, los Borinqueneers fueron enviados a acción tan pronto desembarcaron para unirse a las tropas de EEUU que defendían un perímetro de los norcoreanos comunistas y estaban rodeadas, ante un enemigo que las superaba numéricamente. El regimiento boricua se unió a las tropas de EEUU que mantenían el perímetro e hicieron huir al ejército norcoreano y a las tropas chinas. Tomaron parte activa en la operación de ataque y avance hacia el norte.

En las cimas de las montañas, las primeras tropas amigas que vieron los infantes de Marina y soldados de EEUU gueron las del 65 de Infantería, que hasta su participación en el conflicto de Corea no habían sido llamadas a combatir, aunque se entrenaban como los demás soldados. El regimiento había sido asignado a guardar el perímetro. A pesar de las terribles pérdidas que sufrieron las tropas de EEUU y Surcorea pudieron frenar el avance norcoreano.

El regimiento estaba comandado por el coronel William W. Harris, veterano de la II Guerra Mundial. Poco antes de partir, el regimiento recibió a 1,200 reservistas y 600 reclutas.

Camino a Corea, el 65 de Infantería creó el que sería su apelativo, “Los Borinqueneers’’, el nombre indígena de Puerto Rico anglizado. Estuvieron entre los primeros soldados de infantería en hacer frente al enemigo en el campo de batalla en Corea. Después de noviembre de 1950, pelearon a diario contra unidades del Ejército Chino luego de que China se uniera a la guerra del lado norcoreano.

. Ya cuando los Borinqueneers llegaron a Pusán, las fuerzas de la ONU rompieron el asedio norcoreano en torno al perímetro de la ciudad.

Para finales de septiembre, Corea del Sur había sido liberada.

La mayor parte de las fuerzas de la ONU que prestaron servicios en Corea procedía de EEUU. En su punto máximo llegaron a 348,000. Mientras, las tropas de la República de Corea alcanzaron los 590,911. Las muertes de civiles se han estimado en más de dos millones.

EN LA BATALLA

Eduardo Rodríguez fue uno de los muchos jóvenes puertorriqueños reclutados para ir a pelear al lejano país. Irían a sustituir a veteranos soldados de la II Guerra Mundial. “Fui a Corea como platoon sargeant (sargento de pelotón). Allí fui a sustituir a soldados viejos’’. Rodríguez, natural de Aguas Buenas, Puerto Rico, y residente en el sur de la Florida, narró (aunque con dificultades para precisar fechas), cómo fue llevado al Fuerte Buchanan en San Juan. Tenía solo 18 años. No entré [al Ejército] por gusto. Fui a la cañona’’, comentó. Y agregó: “Todo fue combate aquí, combate allá’’ , pero aclaró que le falla mucho la memoria a la hora de identificar fechas y lugares.

En Buchanan se sometió a tres semanas de entrenamiento y de allí fue enviado al campo de batalla en Corea.

Por su parte, Hilton Domínguez, quien reside en Pembroke Pines, indicó que “muchos [de los boricuas] eran jóvenes reclutas) que fueron trasladados a la base Tortuguero, en Vega Baja (norte de la isla) donde fueron entrenados’’. Pero gran parte de ellos no dominaban el inglés y por otro lado, los estadounidenses no hablaban español.

Domínguez, oriundo de Mayagüez, en el oeste de Puerto Rico, también era universitario cuando a sus 19 años lo llamaron al servicio militar obligatorio. Estuvo activo en Corea del 1950 al 1952; había entrado a la Guardia Nacional para adquirir experiencia militar y comenzar sus estudios. Pero desconocía que pronto activarían la Guardia Nacional y él sería enviado a pelear en una guerra en un país remoto y extraño. Pero fue afortunado, lo asignaron a trabajar en las comunicaciones, esto es, con el sistema de teléfonos de campaña, junto al 65 de Infantería. “Allí oía los combates, pero no tuve que pelear’’, dijo.

Los Borinqueneers habían sufrido discriminación por parte de mandos militares por mucho tiempo. Pero en la Guerra de Corea tuvieron la oportunidad de demostrar que eran tan esforzados y valientes como los soldados blancos anglos. “Nadie se ocupó de nosotros’’, manifestó Alejandro Mártir, quien fue miembro del Segundo Batallón, en comunicación. “Estuve un año y cuatro meses en Corea’’, añadió.

Mártir, también natural de Mayagüez, Puerto Rico, narró que se enlistó en el Ejército como voluntario con su primo. “Fuimos a la guerra como voluntarios’’, dijo su primo Rubén Martínez, a quien colocaron en la Compañía F, División C. Mártir, entonces de 19 años, era miembro del Segundo Batallón, y estaba a cargo de los teléfonos tácticos.. “Pasamos frío, hambre, de todo’’ narró Mártir. ‘’Había muchos faisanes’’ con los que aliviaban el hambre, agregó Martínez.

Su primo Rubén Martínez, con quien Mártir fue a la guerra, asintió. Los ancianos ex combatientes recordaron cómo tuvieron que enfrentar bajas temperaturas en invierno, lo que apunta a la falta de equipos y vestimenta adecuada para los soldados, problemas que acosaron a las tropas en el país asiático. Martínez desafió la muerte un día en que atravesó un campo minado para llevar pecheras antibalas a un grupo de soldados que iba a participar en una misión. “Eramos de 20 años’’, apuntó. Los primos iniciaron su servicio en Corea en 1951, el cual concluyeron en 1952.

Martínez recibió varios galardones, entre otros: Combat Infantry Badge, Medalla al Servicio de Corea con tres Estrellas de Bronce, Medalla al Servicio de Naciones Unidas.

HISTORIA DEL 65

El Regimiento 65 de Infantería fue creado en 1898 poco después de que España cediera a Puerto Rico a EEUU tras la Guerra Hispano Americana. Más de 62,000 puertorriqueños se enlistaron en el Ejército durante la II Guerra Mundial, donde muchos perdieron la vida, y más de 43,000 prestaron servicio durante la Guerra de Corea. En ese conflicto, debieron enfrentar a los chinos y norcoreanos comunistas y los inviernos coreanos.

Los Borinqueneers fueron una unidad militar segregada que se distinguió en ambas guerras mundiales, y mayormente en Corea, a pesar de la discriminación que enfrentaron. Los propios veteranos afirman cómo algunos consideraban que los boricuas carecían de inteligencia y que no eran aptos para combatir. Fue en la Guerra de Corea que por primera vez fueron asignados a un rol principal en combate. El desconocimiento del inglés por muchos de ellos afectó su desempeño, pero en distintas batallas que libraron, tuvieron un distinguido papel. El general Douglas MacArthur llegó a expresarse en forma elogiosa del regimiento boricua.

En febrero de 1952 el coronel Juan César Cordero Dávila fue nombrado comandante del 65 de Infantería, convirtiéndose en uno de los soldados de minorías de más alto rango en el Ejército.

LA COLINA KELLY

“Estuve en la Compañía C [del primer batallón del 65 de Infantería] y peleé en Kelly Hill’’, dijo el sargento Antonio Flores Díaz, puertorriqueño natural de Caguas, que fue galardonado por su desempeño en combate.

La batalla en la colina Kelly fue uno de los sucesos más dramáticos del conflicto bélico.

Fue en septiembre de 1952, que “entramos (a la colina) y nos alistamos para defenderla. Estuvimos 15 días o un mes. La comida la tiraban por aviones. Era una loma bien alta, muchos subían con sogas’’. Muchos no podían entrar de otra forma, dijo.

Una noche, dijo el sargento, les ordenaron establecer un outpost (puesto de vigilancia) como a 1,500 yardas del frente, haciendo guardia en las trincheras. “Una noche, alguien me tocó por detrás’’, dijo. Halló que no tenía armas, y al mirarlo preguntó si yo quería recibir a Cristo Jesús’’, narró sollozando emocionado. “Era un capellán. Yo le dije, ‘no estoy preparado para eso’ y él me dijo: ‘no importa, si quieres recibirlo, El te puede ayudar’ ’’. Flores dijo que sí al capellán, y atribuye a esto haber salido con vida de la colina Kelly.

Cuando llegamos a la loma… los chinos nos empezaron a atacar con todo. Unos 50 o 60 (la mitad de la compañía C casi) murieron. El capitán ordenó la retirada. Cada uno se desbandó hasta que nos reunimos en la parte de descanso. La Compañía C del primer batallón del 65 de Infantería subía a defender el control del perímetro y fue atacada por soldados chinos. “Fue horrible’’, dijo Flores recordando los cuerpos despedazados y mutilados.

“Entonces nos alistamos para defender la loma. Estuvimos 15 días o un mes allí’’, la comida nos la tiraban desde aviones. Estuvimos mucho tiempo durmiendo por turnos en la colina Kelly. Una noche “nos ordenaron colocar un puesto de vigilancia como a 1,500 yardas del frente, haciendo guardia en las trincheras. Alguien de apellido Esquilín llegó corriendo y dijo: “por ahí vienen unos 2,000 chinos’’. El capitán ordenó a sus soldados que se pusieran en vigilancia.

‘Comenzó una lluvia de balas’; los americanos disparaban para cubrir a los del 65. Murieron casi todos los coreanos’’.

Pasó la noche y al otro día nos tenían que relevar, estábamos desmoralizados. El capitán ordenó a los soldados que se movilizaran y fueron sustituidos por la Compañía B. Esa noche comenzaron a dispararles. Casi toda la Compañía B desapareció. No contaron con suficiente respaldo de artillería. Unos pocos sobrevivieron’’.

Flores pasó un año en el campo de batalla. A pesar de que varias compañías intentaron arrebatarles la estratégica colina a los chinos, no lograron su cometido. Nunca pudieron recuperarla. Allí perdieron su mayor número de hombres en toda la guerra.

Por sus servicios, el sargento Flores recibió la Combat Infantry Badge, Korean Service Medal con una Estrella, y United Nations Service Medal.

Tras la famosa retirada de las tropas en Hungnam, nuevamente reunieron fuerzas para realizar el último avance. Fueron los primeros en reanudar las misiones de combate. En una de sus ejecutorias tienen la distinción de haber lanzado el último ataque con bayoneta en la historia de las Fuerzas Armadas.

Pero al 65 de Infantería le esperaba otra dura batalla.

En octubre de 1952, el regimiento también vio acción en Jackson Heights, parte baja de la Colina 391. La compañía G de los Borinqueneers libró un fuerte combate por conservar la Colina 391. Tras incesantes días de bombardeo de artillería con respaldo limitado, la Compañía G se retiró para evitar que un enemigo numéricamente superior los aplastara.

Entre diciembre de 1952 y enero de 1953, 104 soldados del 65 de Infantería fueron acusados de ofensas tras la batalla de Jackson Heights el 28 y el 29 de octubre y el 3 de noviembre de 1952.

Noventa y seis, incluyendo a un oficial, fueron a corte marcial. De estos, cuatro fueron perdonados, y a ocho les desestimaron los cargos. La conmutación de las sentencias en las cortes marciales fue decisión del secretario del Ejército, Robert Stevens, en ese tiempo. El gobierno de Puerto Rico tuvo gran parte en este desenlace.

En total, 84 soldados fueron sentenciados.

LA MEDALLA DE ORO

A pesar de que la unidad segregada compuesta mayormente por soldados de la isla tuvo un destacado rol en tres guerras, no fue hasta julio pasado que estos soldados, la mayoría de los cuales han fallecido, recibieron uno de los más altos honores que otorga Estados Unidos cuando el presidente Barack Obama concedió a un grupo pequeño de Borinqueneers la Medalla de Oro del Congreso en junio pasado.

“En la Primera Guerra Mundial defendieron la patria y patrullaron la Zona del Canal de Panamá. En la II Guerra Mundial, pelearon en Europa. En Corea, combatieron contra el lodo y la nieve. Son el Regimiento 65 de Infantería del Ejército de EEUU’’, dijo entonces Obama, según la Cadena NBC.

“Este galardón sirve para reivindicar el gran legado y el nombre del 65 para nuestras futuras generaciones’’, dijo Medina.

En conjunto, por su papel en el conflicto, los Borinqueneers recibieron una Medalla de Honor (al sargento Juan Negrón); nueve Cruces por Servicios Distinguidos; 250 Estrellas de Plata; 628 Estrellas de Bronce, y 2,771 Medallas de Corazón Púrpura.

Setenta y cinco borinqueneers murieron en la Guerra de Corea. El conflicto todavía no ha concluido. Aún sigue en vigor un cese el fuego.

©2014 El Nuevo Herald (Miami)

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