- Associated Press - Wednesday, October 15, 2014

Casi cinco meses de que un tribunal de apelaciones derogara su sentencia de culpabilidad en Miami debido a un tecnicismo legal, el ex agente del FBI de Boston John Connolly continúa detrás de las barras mientras la fiscalía lucha por mantenerlo encarcelado.

Lo que está en juego: la fiscalía pidió de inmediato al Tribunal de Apelaciones del Tercer Distrito de Miami que reconsidere un dictamen hecho en mayo a favor de Connolly, cuya relación con el notorio gánster de Boston James “Whitey” Bulger sirvió de base al drama policíaco del 2006 The Departed (”Los difuntos” o “Los infiltrados”).

Pero, hasta el momento, el Tribunal de Apelaciones no ha dicho una palabra al respecto. Ahora, los frustrados abogados de Connolly están pidiendo al Tribunal Supremo de la Florida que obligue al tribunal de apelaciones de Miami a apresurarse a dar un fallo y que ponga en libertad al ex agente de 74 años.

“A pesar de haber ganado su apelación, el señor Connolly continúa encarcelado”, escribió el defensor público adjunto de Miami-Dade Manuel Alvarez en un documento judicial este mes, “y este caso continúa languideciendo en el limbo de las audiencias repetidas”.

El estado, sin embargo, no tiene prisa alguna.

El Tribunal de Apelaciones de Miami “sabe que este es un caso extremadamente serio, y lo está tratando de ese modo, con mucho cuidado”, dijo el martes la fiscal estatal de Miami-Dade Katherine Fernández Rundle. “Un resultado justo es mucho más importante que una decisión apresurada”.

Connolly está en estos momentos en una prisión estatal en el norte de la Florida. En el 2008, un jurado de Miami lo halló culpable de homicidio de segundo grado por la muerte, en julio de 1982, del ex ejecutivo de World Jai-Alai John Callahan. El fue sentenciado a 40 años de cárcel.

Connolly tuvo una carrera estelar como agente del FBI en las décadas de 1970 y 1980 en Boston, pero su tortuosa relación con la llamada pandilla de Winter Hill se hizo legendaria en el mundo del crimen de Nueva Inglaterra.

Bulger, luego de pasar 17 años como fugitivo, fue capturado de nuevo en el 2011 y está ahora cumpliendo cadena perpetua por sus años de carrera criminal.

Un jurado federal de Massachusetts había declarado culpable a Connolly en el 2002 por sus relaciones con la pandilla de Bulger, principalmente de protegerlos de encausamiento y avisándoles de los informantes que había entre ellos. Fue sentenciado a 10 años de prisión federal por ese caso, una sentencia que ya cumplió.

En el caso de Miami, la fiscalía afirma que Connolly dijo a los jefes de pandilla Bulger y Stephen “The Rifleman” Flemmi que Callahan, el ejecutivo del jai-alai, podría cooperar con las autoridades en la investigación por un asesinato anterior de la mafia. Los gánsters enviaron al famoso sicario John Martorano para que matara a tiros a Callahan y dejara su cadáver en el maletero de un Cadillac en el Aeropuerto de Miami.

Durante un dramático juicio en Miami en el 2008, Flemmi y un montón de figuras del bajo mundo testificaron en contra de Connolly. Eso incluyó a Martorano, quien hace mucho que salió ya de la cárcel.

Connolly había sido encausado originalmente de asesinato de primer grado y conspiración para cometer asesinato de primer grado, cargos que no tienen plazo de prescripción. Pero el jurado de Miami-Dade lo halló culpable sólo de un cargo menor: homicidio de segundo grado con un arma de fuego.

Los abogados de la defensa apelaron el veredicto, afirmando que Connolly debía ser puesto en libertad porque el plazo de prescripción del homicidio de segundo grado, en 1982, era solamente de cuatro años.

La fiscalía alegó que el uso de un arma de fuego en el crimen era un “agravante” que lo convertía en un delito de primer grado que se podía castigar con hasta cadena perpetua, sin plazo de prescripción.

Eso se aplicaba, afirmaron, porque Connolly portaba su arma de servicio mientras revelaba la información confidencial que condenó a muerte a Callahan durante un encuentro en Nueva Inglaterra varias semanas antes del asesinato del mismo.

Pero el juez de Miami-Dade se negó a derogar el fallo de culpabilidad de Connolly porque los abogados del ex agente se demoraron demasiado para presentar su objeción.

El Tribunal de Apelaciones del Tercer Distrito de Miami pareció estar de acuerdo: en marzo del 2011, un panel de tres jueces confirmó la condena en un fallo sin opinión por escrito. El abogado de Connolly, Alvarez, pidió al tribunal que reconsiderara su fallo.

Pero el caso se alargó durante más de tres años. Fue sólo después de que Alvarez pidió al Supremo de la Florida que obligara al Tribunal de Apelaciones del Tercer Distrito a tomar una decisión con respecto a su solicitud que el mismo finalmente emitió una opinión por escrito.

Para la fiscalía en Miami y Boston - y las víctimas de la pandilla de Winter Hill - la opinión de mayo resultó sorprendente.

De modo inusual, dos de los mismos jueces que habían votado originalmente por confirmar el fallo contra Connolly cambiaron de opinión. Los jueces Richard J. Suárez y Frank Shepherd ahora están de acuerdo con la defensa, diciendo que la fiscalía había cometido un error al pedir que el cargo de homicidio fuera acrecentado a homicidio de segundo grado con un arma de fuego.

“Es incuestionable que el arma de servicio de Connolly ni estuvo disponible para su uso ni fue utilizada en el homicidio; no tuvo relación alguna, ni espacial ni temporal, con ese crimen en particular”, escribieron los jueces.

Por lo tanto, fallaron los jueces, se debía poner en libertad a Connolly porque el plazo de prescripción por homicidio de segundo grado, sin el arma de fuego, había expirado hacía mucho tiempo.

Pero la jueza Leslie Rothenberg, en una larga opinión en contra, dijo que la “reclasificación” no tenía nada de erróneo, y que los jurados habían escuchado suficiente evidencia de que Connolly, mientras se encontraba armado con su propia pistola, jugó un papel clave en los sucesos que conllevaron a la muerte de Callahan.

“El veredicto del jurado apoya suficientemente la reclasificación del homicidio de segundo grado incluyendo el arma de fuego”, escribió Rothenberg, y agregó que la decisión de revertirla le parecía “un grave error”.

Al apelar de inmediato la decisión de mayo, la fiscalía insistió en que el veredicto del jurado era legalmente correcto. Ellos pidieron que el tribunal de apelaciones en su totalidad - los 10 jueces, no sólo los tres seleccionados inicialmente para el caso - reconsideraran el caso.

Pero, hasta el momento, el tribunal de apelaciones no ha dado su fallo.

Los abogados de Connolly insisten que el tribunal no tiene otra opción sino “finalizar” la apelación y dejarlo en libertad.

“No existen razones fundadas que justifiquen la continuación del proceso de audiencias repetidas en este caso”, escribió Alvarez.

©2014 El Nuevo Herald (Miami)

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