- Associated Press - Friday, August 7, 2015

Andrew Taylor pasó 25 años tras las rejas por violar repetidas veces a su hijastra de 8 años, hasta que una jueza de Miami-Dade suspendió su condena cuando la niña, ahora adulta, se retractó de sus acusaciones.

Sin la testigo principal, la fiscalía se vio obligada a retirar los cargos.

Pero un gran jurado reexaminó el caso y ahora encausó a Taylor, quien pasó 110 días en libertad antes de ser rearrestado por asalto sexual grave. El singular drama legal se renovó el viernes cuando Taylor compareció ante los tribunales para la lectura de cargos y su abogado atacó al estado por lo que llamó “enjuiciamiento malicioso”.

“No hay pruebas nuevas”, dijo el abogado defensor Roy Kahn al juez. “Esto me parece un aborto de la justicia”.

Este es el punto clave del encausamiento: luego de ser puesto en libertad, Taylor solicitó a los tribunales que declararan que él había sido encarcelado injustamente. Eso lo haría elegible a recibir compensación de parte del estado de hasta $1.25 millones por el tiempo pasado en prisión.



El rearresto sugiere que las autoridades creen que la víctima, tras ser contactada por un investigador de la defensa, podría haberse retractado como parte de un plan para hacerse de algún dinero, algo que los abogados defensores de Taylor niegan vehementemente. Por el momento, la fiscalía planea llevar a cabo un segundo juicio con múltiples testigos que escucharon el relato de la niña de los ataques en 1990 y pruebas médicas que sugieren que la niña fue realmente violada.

“Aunque los abogados de la defensa tengan su propia opinión del caso, el estado tiene en potencia una opinión distinta”, dijo al juez la fiscal Laura Adams.

Taylor, de 50 años, permanecerá tras las rejas hasta que un juez decida si se le puede poner en libertad o no en espera de juicio.

El caso comenzó en marzo de 1990, cuando la madre de la niña regresó a su casa de Miami proveniente de una heladería y encontró a su hija, C.J., despierta en la cama y “sintió un olor sexual” en el aire. La niña negó que nadie se hubiera “metido con ella”.

Tres días después, según la fiscalía, C.J. dijo a su madre que Taylor la había violado esa mañana, a principios de esa semana y otra vez cuando ellos vivían en otra casa. Colérica, supuestamente porque no se lo habían dicho antes, la madre golpeó a C.J. con un bate de béisbol. La mujer fue arrestada más tarde y hallada culpable de la paliza.

La niña relató de nuevo las violaciones a su abuela, a un médico en el Centro de Tratamiento de Violaciones del Jackson Memorial, un detective de Miami y otros varios entrevistadores.

Asimismo, ella repitió la historia en una deposición en 1990, y, a pesar de su edad, fue “capaz de describir detalles sexuales gráficamente” a los jurados, incluyendo el “uso de Vaseline como lubricante” por parte de su padrastro, escribió la fiscal Amanda Newman en respuesta a la solicitud de Taylor de anular la declaración de culpabilidad.

La doctora Valerie Rao, médico forense asociada, testificó asimismo que la niña tenía seis desgarramientos internos ya sanados que eran consistentes con la serie de violaciones.

Taylor fue hallado culpable en marzo de 1991. El entonces juez de circuito de Dade Tom Carney lo sentenció a cadena perpetua.

A lo largo de los años, todas sus apelaciones fueron denegadas. Hace varios años, un investigador del equipo de defensa de Taylor se acercó a la niña, entonces ya una muchacha, para hablar del caso. Ella no quiso hacerlo.

Pero el año pasado, otra investigadora del equipo de defensa, Jeannie Rodgers, se acercó de nuevo a ella. Esta vez, alegó C.J. en una declaración jurada, ella se hizo finalmente de “el coraje para hacer lo correcto”.

C.J., ahora de 32 años, alegó que su madre era una drogadicta que llegaba a casa a frecuencia en estado de embriaguez y le exigía decirle si su padrastro la había toqueteado.

Finalmente, su madre empezó a golpearla con un bate de béisbol plateado. “Finalmente, luego de una dura paliza, le dije a mi madre que Andrew (mi padrastro) me había tocado para que ella dejara de golpearme”, escribió C.J. en la declaración jurada.

C.J. dijo que se sintió atormentada por la culpabilidad durante años, en parte porque ella se mantenía en contacto con el hijo de Taylor, su medio hermano.

“Yo tenía tanto miedo a mi madre que pensé que, si algún día yo decía la verdad, ella me haría algo terrible”, escribió C.J.

En una deposición y en una audiencia hecha en abril, C.J. repitió su retractación.

La fiscalía señaló que ella no podía explicar sus lesiones internas, ni el detalle sobre el lubricante. La defensa dijo que los desgarramientos no eran inusuales en niñas activas que corren y juegan.

En la audiencia de abril, la doctora Rao y la madre de C.J. testificaron por el estado. La jueza de circuito de Miami-Dade Diane Ward concluyó que el testimonio de C.J. era digno de credibilidad y anuló la declaración de culpabilidad y la sentencia.

La fiscalía, sin poder explicar por qué C.J. había cambiado su historia, no quiso reenjuiciarlo y retiró el caso pocos días después.

Taylor presentó entonces una moción en busca de compensación, la cual requiere que un juez declare que alguien ha sido encarcelado injustamente.

Kahn, el abogado defensor de Taylor, dijo que su cliente se enteró de la posibilidad de recibir compensación 30 días después de ser puesto en libertad, durante una reunión en la oficina del abogado. El afirmó que cualquier insinuación de que alguien hubiera prometido dinero a C.J. era falsa.

“Ellos no se habían comunicado en absoluto. La primera vez que hablaron fue hace alrededor de dos semanas”, dijo Kahn.

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©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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