- Associated Press - Wednesday, January 14, 2015

Educado en las universidades de Cornell y Georgetown, el ex abogado Joseph Richer vivía de un fondo fiduciario en su condominio frente a la playa en South Beach.

Nacido en Colombia, Carlos Alberto Gómez Castellanos era un padre de tres hijas que trabajó toda su vida como empleado de mantenimiento.

Sus vidas no podrían haber sido más diferentes, sin embargo, sus caminos se cruzaron trágicamente durante un desahucio inusualmente violento ocurrido en noviembre del 2010. Richer disparó con una Magnum calibre .357 a la policía que buscaba vaciar el condominio. Un disparo alcanzó a Gómez, cuyo único trabajo era limpiar la unidad una vez que estuviera vacía.

Gómez murió a los 61 años de edad. Era su primer día en este trabajo.

Y Richer, de 48, recibió lo que equivale a una cadena perpetua: 45 años de prisión.

“Sus acciones convirtieron lo que hubiera sido un desahucio de rutina en una tragedia”, dijo la jueza de Circuito de Miami-Dade Marisa Tinkler Méndez durante la vista de sentencia del martes. “Usted estaba esencialmente a la espera. Fue un milagro que no ocurrieran más muertes ese día”.

Jennifer Betancourt, hija de Gómez, dijo: “Hoy se hizo justicia”.

La sentencia del martes ocurrió tres meses después de que un jurado de Miami-Dade encontrara culpable a Richer de asesinato en segundo grado con un arma mortal e intento de asesinato. Esto fue una inusual caída en desgracia del una vez abogado que subrayó que una vez fue actuario de la Corte Suprema de Wyoming.

Barbudo y vestido con un mono naranja, Richer se sentó el martes en la corte, con un aspecto resignado a una sentencia de un largo término de prisión. Recordó su educación, incluyendo una licenciatura en 1989 en la Universidad Cornell de la Ivy League.

Después se hizo abogado en Wyoming, donde trabajó para una gran firma en litigaciones generales antes de mudarse a Miami Beach para hacerse cargo de su padre que padecía de cáncer. En el 2008, se graduó de la Universidad de Georgetown con una maestría en derecho internacional.

Pero con la crisis económica, Richer no encontró empleo. En el juicio de octubre, los fiscales presentaron a Richer como un borracho local que dejó de trabajar y vivía del fondo fiduciario que le dejó su fallecida madre.

El ex abogado había estado enfrascado en una disputa legal con su padre, Charles, sobre la unidad en el Condomio Royal Atlantic, frente a la playa, en el 465 de Ocean Drive. El joven Richer vivió allí durante siete años sin hacer ningún pago.

“Tenía tantas bendiciones en su vida y escogió tirarlo todo de esa forma”, dijo el fiscal Tommy Forrest a la jueza.

Los fiscales agregaron que Richter sabía bien que se le iba a desahuciar esa semana – empleados del condominio testificaron que se lo habían dicho, y él había cumplido con el papeleo legal adecuado. Richer incluso había cambiado el número de su unidad en el condominio, en un intento de engañar a la policía que buscaba desalojarlo.

Esa mañana, el agente de Miami-Dade George Serradet, en uniforme completo y con una orden de desahuciar a Richer, tocó duramente la puerta y anunció su presencia. Gómez y un cerrajero acompañaban al policía.

Nadie respondió. Al cerrajero le tomó de 15 a 20 minutos abrir la puerta. Cuando se abrió la puerta, los fiscales dijeron que Richer estaba a sólo unos pies de distancia, con la pistola apuntando en dirección al agente.

Richer disparó, pasando muy cerca del policía. Serradet disparó e hirió a Richer, quien disparó una última y fatal bala que alcanzó a Gómez en la espalda mientras el hombre salía corriendo.

Por su parte, Richer insistió en que había estado durmiendo una borrachera de la noche anterior antes de levantarse y enfrentar lo que creía era un intruso. El primer disparo fue uno de “advertencia”, el segundo uno “no intencional”, reclamó Richer. Los jurados deliberaron durante cuatro horas antes de encontrar culpable a Richer. El mantuvo el martes su historia.

“Reaccioné con pánico a lo que pensaba era un intruso”, dijo Richer a la jueza. “Tenía el temor de lo que percibí como una amenaza, lo que obviamente fue un mal juicio”.

Gómez se mudó a Estados Unidos desde Colombia cuando tenía 17 años. Gómez siempre trabajó en el mantenimiento de propiedades.

Nunca conoció a sus dos nietas, dijo Betancourt en la corte. “Vivió una vida realmente sencilla”, agregó.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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