- Associated Press - Friday, January 9, 2015

Luego de que los jueces de la Florida eliminaron la prohibición estatal del matrimonio entre personas del mismo sexo, miles de empleados de la Arquidiócesis Católica de Miami recibieron un memorándum de su jefe, el arzobispo Thomas Wenski, que se interpretó como una advertencia: midan lo que hacen o dicen, incluso después del trabajo o en los medios sociales de internet, o podrían perder su empleo.

La nota de Wenski, luego de una breve referencia a decisiones judiciales que, según él, “impusieron una redefinición del matrimonio”, se limitó a citar el manual del empleado para hacer un recordatorio a los empleados de la Iglesia de una política de mucho tiempo: todos y cada uno de los empleados de la arquidiócesis, ya sean católicos o no, desde los líderes ministeriales hasta los maestros y custodios, son considerados representantes de la Iglesia, y se espera de ellos que se atengan a las enseñanzas católicas, y cualquier conducta “inconsistente” con las mismas podrían ser castigadas con medidas disciplinarias que pueden llegar al despido.

Adjunta venía una declaración más larga y cuidadosamente redactada de la Conferencia de Obispos Católicos de la Florida, reiterando su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo, al cual califica de “disruptivo” y de amenaza a la libertad de religión.

Pero entre la celebración de los matrimonios de cientos de parejas del mismo sexo en toda la Florida, el mensaje de Wenski resultó ser una nota discordante que en seguida repercutió por todo el país. A pocas horas de haber sido enviado el martes, el memo estaba siendo citado, y fustigado, por grupos de derechos civiles y de derechos para los gays, e incluso se ganó una reprimenda en el website de la revista U.S. Catholic, publicación independiente de tendencia liberal.

Los críticos contrastaron en seguida el memo de Wenski con un artículo de opinión publicado en el Tampa Bay Times por su homologo en la Diócesis Católica de St. Petersburg, el obispo Robert Lynch. Aunque reafirma la doctrina eclesiástica de que el matrimonio está limitado a un hombre y una mujer, el mensaje de Lynch es conciliatorio y hace un llamado a “el respeto y la delicadeza” en su acercamiento pastoral a las parejas del mismo sexo.

La aparente contradicción podría resultar “paralizante” para los católicos de la Florida, dijo Lisbeth Meléndez Rivera, directora de las iniciativas católicas latinas de Human Rights Campaign (HRC), en una declaración que sugirió que los empleados de la arquidiócesis de Miami podrían tener problemas por publicar un mensaje de felicitaciones en los medios sociales de internet a un familiar que se haya casado con su pareja del mismo sexo.

En su blog del website de U.S. Catholic, el jefe de redacción Scott Alessi expresó cuestionamientos similares sobre el memo de Wenski. Él afirmó que el mensaje de Wenski carece de claridad aun cuando parece ir demasiado lejos, lo cual pone a algunos empleados de la Iglesia en la posición insostenible de preguntarse si correrían peligro de perder su trabajo en caso de que asistan a la boda de hijos u otros familiares que se casen con personas del mismo sexo, o si publican fotos de la misma en su página de Facebook, aun cuando no tengan participación alguna en las labores religiosas.

La extensa arquidiócesis de Miami, la cual incluye los condados Monroe, Miami-Dade y Broward, cuenta con unos 6,000 empleados, entre ellos muchos que ni son católicos ni llevan a cabo labores religiosas, tales como gerentes de propiedades, asistentes administrativos y contables.

En una entrevista, Alessi dijo que, por supuesto, resultaría problemático que empleados de la arquidiócesis que se identifiquen a sí mismos como representantes de la Iglesia se dediquen a defender el matrimonio entre personas del mismo sexo, “pero ¿y la persona que sirve el almuerzo en la cafetería de la escuela?”

Alessi dijo que no se sabe cuán lejos podría llegar la arquidiócesis en vigilar la pureza doctrinal de sus empleados, ya que el memo no especifica qué conducta o qué actos podrían llevar a medidas disciplinarias. Pero él cree que la vaguedad fue deliberada, dijo, y probablemente pensada para sofocar toda disidencia potencial entre los trabajadores.

“No se sabe si ellos podrían realmente despedir a alguien a consecuencia de una entrada en internet”, dijo Alessi. “Pero suena ominoso de todos modos”.

Wenski, quien partió el jueves rumbo a Roma, dijo en un correo electrónico que la política se aplica a todos los empleados, sea cual fuere su papel, porque ellos acordaron “abstenerse de actos que contradigan la Misión” de la Iglesia.

Él agregó, entre paréntesis: “No quisiera sonar chistoso, pero no creo que la Coca-Cola toleraría que un empleado promueva productos de la Pepsi o que desacredite los productos de Coke lo mismo en el trabajo que fuera de él”.

Wenski no quiso especificar qué tipo de conducta constituye una violación, pero sugirió que toda medida disciplinaria sería tomada con compasión.

“Siempre tratamos de tomar cualquier decisión desde un punto de vista pastoral light. O sea, según dice una vieja oración, no ‘buscamos la muerte del pecador, sino que el pecador se convierta y siga viviendo’”, escribió.

Resulta evidente que el contraste entre el foco de las misivas de Wenski y Lynch parece reflejar una división más amplia entre los católicos y entre la jerarquía misma de la Iglesia con respecto al tema.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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