- Associated Press - Wednesday, May 6, 2015

Rafael Andrés cumplió sólo 18 meses tras las rejas por el asesinato de una mujer de Miami en 1987.

Pero la segunda vez que Andrés mató a alguien recibió la pena máxima. El miércoles, una jueza del Condado Miami-Dade sentenció a Andrés a muerte por haber golpeado, apuñalado y estrangulado con el cable de una olla de arroz a la camarera de 31 años Yvette Fariñas en el 2005.

“Cuando le enredó el cable alrededor del cuello ella estaba viva. Sabía que usted la estaba estrangulando”, le dijo a Andrés la jueza de Circuito de Miami-Dade Dava Tunis. “Ella luchó por su vida”.

La jueza señaló que Andrés, de 51 años, cumplió “muy poco tiempo” por el asesinato en 1987 de Linda Azcarreta, de 32 años. Andrés la mató a cuchilladas -argumentó que lo hizo en medio del frenesí de las drogas- y luego cambió un cheque de $100 a nombre de la mujer.

“En ese momento, usted era todavía un hombre joven. Tenía aún la oportunidad de vivir una vida productiva”, dijo Tunis. “Pero desafortunadamente, no aprendió nada de la lección y cometió otro homicidio atroz”.

El año pasado, un jurado encontró a Andrés culpable de homicidio en primer grado y de otros delitos graves. El jurado, con una votación de nueve votos a favor y tres en contra, recomendó la pena de muerte.

La doble tragedia unió a los familiares de ambas víctimas. El año pasado en la corte, el hijo adulto de Azcarreta -que era un niño cuando descubrió el cuerpo sin vida de su madre en la casa- asistió a las audiencias de la corte, y reconfortó a la familia de Fariñas.

“Quiero darle las gracias por permitirme hablar”, le dijo a la jueza René Azcarreta con lágrimas en los ojos. “Cuando era niño nunca tuve la oportunidad de expresar la terrible pérdida con la que tuve que vivir ni los efectos que el asesinato de mi madre provocó a todo el mundo en mi familia”.

En 2005, Fariñas y su novio vivían en un efficiency unido a una casa en la cuadra 7300 de la calle 12 del suroeste. Andrés trabajaba en labores de mantenimiento y había sido contratado para hacer varias renovaciones en la casa.

Posteriormente su ADN se encontró en un paño ensangrentado cerca del cadáver de Fariñas. Una vecina identificó a Andrés, cuando se iba de la casa poco antes que quedara envuelta en llamas.

Fariñas dejó detrás una pequeña familia que había llegado a a Miami de Cuba en 1999. Trabajaba en el restaurante La Carreta en el Aeropuerto Internacional de Miami (MIA), y ya había acudido a una entrevista de empleo para convertirse en guardia de seguridad federal en el aeropuerto.

“La familia nunca volverá a ser ls misma”, dijo la fiscal de Miami-Dade Gail Levine tras la audiencia en la corte. “Pero hoy, tendrá, por lo menos, algún alivio”.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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