- Associated Press - Thursday, September 10, 2015

En casi cuatro años, 646 personas han recibido disparos de bala en los barrios pobres de Miami. Solamente 94 de esos casos han sido resueltos. Y, aunque el número de casos de disparos no ha aumentado sustancialmente de año en año, la tasa de solución –arrestos hechos en casos de disparos– ha disminuido drásticamente.

Las cifras, hechas públicas por el Departamento de Policía de Miami, muestran asimismo que los arrestos en casos de asesinato han seguido el mismo curso preocupante. Entre enero del 2012 y fines de agosto del presente año, 282 personas han sido asesinadas en toda la ciudad. Sólo 121, el 41 por ciento de los casos, ha sido resuelto con un arresto.

La tasa de resolución de homicidios de la ciudad –con la excepción de un breve resurgimiento en los últimos dos meses– ha disminuido sostenidamente año por año desde el 2010, cuando la tasa de resolución era del 62 por ciento. En el 2014, se hizo un arresto en uno de cada tres asesinatos, muy por debajo del promedio nacional de 64 por ciento.

La policía y los expertos criminalísticos dan muchas razones por la espiral descendente de la ciudad en resolución de casos de homicidio. Por temor a represalias, la gente no quiere hablar. Las peleas de las pandillas por los territorios de droga atemorizan a los testigos. La sobrecargada fuerza de policía se enfoca en la prevención del delito, lo cual tiene como resultado menos crímenes resueltos.

Pero, en general, la policía culpa de la baja tasa de resolución a la filosofía de trabajo en períodos anteriores y las intervenciones de la política (reasignaciones estratégicas de puestos, y las veces que la jefatura de policía se ha plegado a lo que considera la voluntad de los políticos. Algunos policías se han retirado y nunca han sido reemplazados.

Para el 2010, el equipo de detectives de homicidios de Miami, que en un tiempo fuera considerado uno de los mejores del país y contaba con 29 investigadores, se había reducido luego de que el jefe de policía Miguel Exposito envió a varios agentes a unidades tácticas de trabajo encubierto. Estas unidades probaron ser polémicas luego de una rápida serie de cuestionables muertes a tiros de civiles de raza negra en los barrios pobres. Exposito acabó siendo despedido por insubordinación.

Manuel Orosa, quien reemplazó a Exposito, fue recibido por los políticos con exigencias de que contratara a más policías. Al pasar trabajo para cumplir con esas exigencias, Orosa redujo aún más el número de detectives en homicidios para reforzar las patrullas en la calle.

El equipo de homicidios de Miami, otrora el orgullo del Departamento, tenía ahora apenas 15 detectives, muchos de los cuales se ocupan de más de una docena de casos de asalto al mes, lo cual les deja muy poco tiempo para resolver asesinatos.

“Homicidios sufrió parte de ese drenaje. Algunas de esas estadísticas de resolución han sufrido porque perdimos a detectives de gran experiencia”, dijo el jefe de policía de Miami Rodolfo Llanes, quien reemplazó a Orosa en enero.

Archivos obtenidos del Departamento de Policía de Miami muestran que los resultados fueron rápidos y pasmosos:

? En el 2012, en Overtown, Pequeño Haití y Liberty City, hubo 177 casos de disparos y sólo 41 arrestos.

? En el 2013 hubo 186 casos de disparos y 27 arrestos.

? El año siguiente, el 2014, fue aún peor, con 175 casos de disparos y sólo 19 arrestos.

? Y este año, hasta fines de agosto, 108 personas han sufrido heridas de bala y sólo se han hecho 7 arrestos, lo cual pone la tasa de resolución en 6 por ciento.

Resolver los asesinatos a nivel de ciudad ha sido además un problema intrigante. Aunque el número de homicidios desde el 2010 se ha mantenido relativamente estable - fluctuando entre 72 y 81 y muy por debajo de ciudades comparables como Chicago y Nueva Orleans - resolver esos asesinatos ha caído del punto máximo de 62 por ciento hace cinco años al punto más bajo de 33 por ciento en el 2014.

Hasta el momento este año, hasta fines de agosto, ha habido arrestos en menos de la mitad de los 54 asesinatos ocurridos en la ciudad.

Chuck Wexler es director ejecutivo del Foro de Investigación Ejecutiva Policial (Police Executive Research Forum), el cual terminó un reporte la semana pasada sobre la manera en que la policía manejó los disturbios en Ferguson, Missouri. El dijo que factores tales como un equipo de detectives corto de personal y la falta de cooperación pública son probablemente las causas de la problemática tasa de resolución de Miami.

Wexler mencionó una iniciativa de vigilancia comunitaria de Washington, D.C. que ha reducido el número de asesinatos en esa ciudad de casi 400 cinco años atrás a poco menos de 100 el pasado año.

“Hay que tener las personas adecuadas, y un número adecuado de personas , y tienen que ser entrenadas y dirigidas adecuadamente”, dijo. “Además, un equipo de homicidios funciona de acuerdo con la información que recibe”.

Charles Wellford, profesor de criminología de la Universidad de Maryland y autor de un estudio histórico en el 2001sobre la tasa de resolución, dijo que sus estudios han mostrado que las prioridades son importantes. Lo típico, dijo, es que si una agencia de policía se centra en la prevención del delito, la criminalidad baja. Y, si se centra en resolver crímenes, la tasa de resolución aumenta.

“Ninguna agencia puede hacerlo todo”, dijo Wellford.

Miami ha emprendido una nueva estrategia en los últimos meses, en un intento de balancear las medidas preventivas con la resolución de crímenes. Aunque la administración sigue pasando trabajo para cumplir con las exigencias de contratación de los comisionados de la Ciudad, la oficina de detectives de homicidios tiene de nuevo 20 agentes, y se propone llegar a los 24 para fin de año. La semana pasada, el alcalde y el administrador de la Ciudad anunciaron un plan para contratar a otros 40 agentes para fin de año.

Llanes reemplazó asimismo a Eunice Cooper, vice jefa ejecutiva , de la dirección de homicidios. Ese puesto es ocupado ahora por Carlos Castellanos.

Recientemente, la Ciudad además ha recurrido a la tecnología, y ha tenido éxito con un aparato electrónico que identifica los disparos de arma de fuego. Y Llanes ha exigido un método de trabajo intensivo en las escenas de asesinatos, trayendo a detectives de otras unidades a que recorran el barrio y busquen pistas en las primeras horas, que son cruciales.

Los resultados - aunque todavía demasiado recientes para poderlos considerar una mejoría a gran escala - parecen positivos. La tasa de resolución de asesinatos, que estaba en alrededor del 35 por ciento en junio, había llegado a casi el 50 por ciento en agosto.

Y uno de los casos resueltos fue uno de los casos de muerte por disparo más conspicuas en Miami en años.

En agosto, la policía arrestó a Khalib Newkirk, de 15 años, y Ernest Rowell, de 18, por la muerte de Marlon Eason, un niño de 10 años de Overtown que recibió un tiro en la cabeza cuando recogía su pelota de baloncesto frente a su casa. Marlon fue herido por una bala perdida que la policía cree estaba destinado a un auto en la calle delante de su vivienda.

Detectives coordinaron redadas para capturar a los dos sospechosos, uno en la casa de su familia en Overtown y el otro en una estación de autobuses en Miami. Rowell había tomado el Greyhound para regresar de Arkansas a Miami, sin saber que las autoridades estaban esperándolo.

El capitán de la policía de Miami Dan Kerr dijo que el progreso tecnológico ayuda, pero que nada puede compararse con tener agentes en la calle. “Necesitamos personas para resolver los crímenes”, dijo.

El departamento ha recurrido además a ShotSpotter, un sistema de sensores que se adosan a las cámaras en toda la ciudad, detecta los disparos de arma de fuego y alerta del lugar exacto a la policía en tiempo real. Los resultados pueden ser enviados por correo electrónico al iPhone de un agente en cuestión de segundos. El sistema permite a la policía identificar focos criminales en toda la ciudad, y además ha conducido a la policía a encontrar cartuchos vacíos que pueden usarse como evidencia a la hora de llevar un crimen a juicio.

“Predecir el crimen funciona”, dijo el mayor Louis Melancon. “Eso crea una mejor relación con los equipos que están en la calle. Si esta noche hay un tiroteo en La Pequeña Habana, para mañana el jefe tendrá los detalles. Eso reduce los casos repetidos de disparos y represalias”.

No obstante, a Miami le falta mucho para balancear el deseo de una mayor nómina policial, un fuerte equipo de homicidios y una tasa de resolución saludable.

El año pasado, el 24 de junio, mientras un grupo de amigos estaban sentados en el pequeño patio de su complejo de apartamentos en Liberty City disfrutando de música y comida, dos vehículos SUV negros se detuvieron en la acera y dos hombres con armas semiautomáticas abrieron fuego sobre los reunidos. Hombres, mujeres y adolescentes se dieron a la fuga. Nueve personas en total recibieron disparos. Nakeil Jackson y Kevin Richardson resultaron muertos.

A pesar de la indignación pública y de la intensa cobertura de los medios de prensa, ese caso no ha sido resuelto.

Aunque resolver un crimen no resuelve la raiz del problema, sí permite la paz de espíritu, dijo Eric Thompson, activista de Liberty City que lleva un programa de busca de trabajo en el complejo de viviendas de Liberty Square.

“Eso trae algún alivio, pero el dolor sigue vivo”, dijo.

Thompson dijo que ha tenido que lidiar con tantas muertes en sus 15 años de activismo en la comunidad que ha perdido la cuenta del número de familias a las que ha brindado consejería.

Esta semana le preocupaba Josephine Cameron, de 70 años, abuela y encargada de un muchacho de 15 años muerto a tiros en mayo, en un asesinato sin resolver más de Miami.

Joewaun Coles, estudiante de Northwestern High conocido como “Popcorn” por sus amigos, perdió la vida al verse atrapado en el fuego cruzado de un grupo de enmascarados que disparaban a unas personas que jugaban a los dados en el patio de un complejo de apartamentos de Model City. Los cuatro hombres heridos sobrevivieron. Los asaltantes continúan en libertad.

El lunes Joewaun habría cumplido 16 años. La congoja de su abuela se hizo tan intensa que fue hospitalizada la semana pasada por dolores de pecho.

“Después de un tiempo, dejé de asistir a los funerales porque me afectaba mucho”, dijo Thompson. “Estas familias no tienen recursos de apoyo. Cuando me voy a casa, me llevo ese dolor conmigo. Es una pesadilla”.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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