- Associated Press - Monday, September 21, 2015

El robo en la primavera pasada de 275 libras de oro, valoradas en casi $5 millones, está aún sin resolver, pero un hombre de Miami que trató de traficar una de las barras robadas probablemente tiene una buena idea de quien lo hizo.

Poco después del atraco en una carretera en Carolina del Norte, Miguel Bover se acercó a un trabajador de una casa de empeño y le pidió tratar de vender la barra - una de las 10 del embarque - a una refinería local de metales preciosos.

Pero le salió el tiro por la culata cuando un agente de la policía que estaba en un día libre pero trabajaba en la refinería sospechó y llamó al FBI. Los agentes encararon al prestamista y confiscaron la barra de oro de 26 libras, lo que no fue bien recibido con los sospechosos del robo. En abril, los agentes arrestaron sin violencia a Bover, de quien sospechaban que trabajaba con los ladrones para amenazar al prestamista con que les pagara o les devolviera la barra robada.

Bover, de 49 años, quien se declaró culpable del cargo de ayudar e inducir a un intento de extorsión, enfrenta entre tres y cuatro años de prisión en su sentencia del martes en una corte federal en Miami. Pero debido a su conocimiento interno del caso y su cooperación con los investigadores podría obtener más adelante una reducción de sentencia, dijo Rick Hermida, el abogado defensor de Bover, en una presentación en la corte donde agregó que su cliente merece menos de tres años.

El FBI dijo que la investigación no ha terminado y declinó comentar sobre Bover, de origen cubano y quien ha estado detenido sin fianza desde su arresto porque un magistrado determinó que era “un peligro para la comunidad” al tener un expediente de antecedentes penales. Bover y el prestamista no identificado se encuentran ahora en el centro del aún no resuelto robo.

No queda claro de los registros de la corte cómo los ladrones contactaron inicialmente a Bover, pero lo que es cierto es que: en abril, Bover contactó al prestamista sobre la venta de la barra de oro, que tenía el sello de la víctima del robo, Republic Metals, con sede en Opa-locka, una de las mayores refinerías de metales preciosos en el mundo.

El intento de extorsión se produjo de esta forma: el prestamista, identificado como “G.M.” en los documentos de la corte, fue a otra refinería, NTR Metals, en el Doral, y dijo que obtuvo la barra en una transacción internacional. Ejecutivos de NTR no quisieron llevar a cabo el trato porque el vendedor no tenía los documentos apropiados y también pensaron que la barra era demasiado grande y cara, con un valor estimado de $500,000.

Así que el prestamista se quedó con la barra de oro. Mientras tanto un agente fuera de servicio del Departamento de Policía del Doral que trabaja en NTR Metals informó del incidente al FBI. Mientras se enviaban agentes a la refinería de metales preciosos, el prestamista regresó a NTR con un “pedazo menor de oro” que “parecía haber sido cortado a mano de la barra de oro mayor”, de acuerdo con una declaración jurada que se presentó en una corte federal.

G.M. dijo a los agentes que un “individuo desconocido” - más tarde identificado como Bover - le dio la barra de oro para venderla y tomó su número de teléfono celular para contactarlo para recoger el pago.

El prestamista también permitió a los agentes revisar su residencia, donde encontraron la barra de oro. “Parecía haber sido cortada con una sierra manual, cincelada y martillada”, y contenía “un número de identificación único que coincidía con el número de identificación único de una de las barras de oro robadas” durante el atraco del 1 de marzo en la Interestatal 95 en Carolina del Norte. G.M. admitió que usó las herramientas para cortar alrededor de una cuarta parte de la barra de oro.

El prestamista le dijo posteriormente al FBI que “individuos venezolanos desconocidos” quienes le dieron la barra de oro podrían estar a la espera del pago, según la declaración jurada.

Entonces comenzaron las amenazas. Tres hombres - Bover y otros dos no identificados - se aparecieron en la casa del padre de G.M. en busca del prestamista. Un hombre dejó mensajes de texto en el celular del prestamista en los que decía “estás lleno de m….., tú tienes la barra”.

G.M. devolvió una serie de mensajes de texto, en los que dijo que estaba detenido por el FBI y que los agentes confiscaron la barra de oro del robo.

“G.M. también declaró que no sabía que la barra de oro había sido robada, y que no conocía a las personas que se la dieron”, dice la declaración jurada.

Los agentes rastrearon el número del celular que contactó al prestamista y vieron que era el teléfono de Bover, y lo identificaron como la persona que le dio la barra de oro.

El mismo teléfono se usó para enviar otros amenazantes mensajes de texto bajo otro número diferente de celular. El “individuo” no identificado que los envió demandó que G.M. les pagara $810,000 por la barra de oro, y agregó que “responde en este mismo momento o empezará lo caliente”.

Los agentes capturaron eventualmente a Bover en su residencia en el suroeste de Miami-Dade y lo arrestaron en abril.

En una declaración que presentó junto con su arreglo extrajudicial, Bover dijo que le dio su celular a “individuos” no identificados, pero no participó en escribir los mensajes de amenaza al prestamista.

“Bover sabía que podía ayudarlos a usar su número telefónico porque G.M. lo reconocería”, dice la declaración. “Bover les permitió usar su teléfono porque pensó que les ayudaría a obtener el dinero de G.M.”.

Si hubiera alguna duda de que Bover ayudaba a los supuestos ladrones, su abogado, Hermida, las disipó cuando escribió en una reciente presentación en la corte: “El 11 de abril, el Sr. Bover le dio su teléfono celular a los individuos responsables del robo del oro”.

El esfuerzo de extorsión siguió a un osado robo a comienzos de marzo de un camión blindado correo de una compañía con sede en Miami, que había recogido el cargamento de oro y se encaminó hacia el norte por la I-95 a un destino en el área de Boston, de acuerdo con el FBI e investigadores de Carolina del Note. Pero la muy valorada carga, que pertenecía a Republic Metals, en Opa-locka, nunca se entregó.

Esa noche, mientras los correos de Miami de TransValue se detuvieron en un oscuro tramo de la carretera en Carolina del Norte, tres ladrones armados aparecieron en una minivan blanca y los enfrentaron a punta de pistola, mientras gritaban “¡Policía!”

Los dos guardias del embarque salieron del tráiler sin sus pistolas. Los ladrones les dieron instrucciones en español y los dejaron en los bosques cercanos. Los ladrones cortaron el candado del tráiler del camión y descargaron los envases de cinco galones que contenían 10 barras de oro. Los pusieron en su camioneta y huyeron.

El reportero del Miami Herald David Ovalle contribuyó a este reportaje.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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