- Associated Press - Tuesday, September 29, 2015

Ordenar drogas sintéticas en China a través de internet no era tan fácil como ordenar vitaminas en Amazon.

Pero para un ambicioso e inteligente estudiante de la Universidad Internacional de la Florida que trataba de ser más que un humilde distribuidor, tampoco resultó muy difícil. Una búsqueda en internet identificó numerosos laboratorios, a los que solicitó muestras por correo electrónico. Desde China le llegaron las muestras, y a fin de cuentas logró convencer a un productor para que le preparara una sustancia llamada Molly, que se usa mucho en los clubes nocturnos, pero que en realidad era metilona, con su perfecta estructura marrón cristalina.

Echando mano a todos sus ahorros, envió una transferencia bancaria de $10,000 a China. El producto, que llegó por correo a varias casillas postales en el sur de la Florida, se vendió incluso en la Universidad de la Florida Central.

“Vendí cuatro kilos en unos 10 minutos. Gané $30,000 en cuestión de minutos”, dijo.

Poco después, docenas de kilos de metilona –una de una amplia gama de peligrosas sustancias químicas que se venden en forma de cápsulas bajo el nombre de Molly- inundaron el sur de la Florida. Y casi de la noche a la mañana, un joven estudiante de administración de construcción se convirtió en un rey de la droga con mucho dinero. Relojes Rolex, mujeres en los clubes de desnudismo, vehículos de lujo, entre ellos un Lamborghini Gallardo anaranjado que resultó ser una señal poco sutil de que no era el típico estudiante que anda corto de dinero.

“Lo gastaba a manos llenas”, dijo el ex alumno de FIU, que ahora tiene 26 años, durante una entrevista en una prisión federal. The Miami Herald acordó no identificarlo por su nombre porque su cooperación con las autoridades llevó a amenazas de muerte, y un juez federal de Miami ordenó sellar su caso penal.

“Era conocido como un suministrador importante en la zona”, dijo Alysa Erichs, agente especial a cargo de la oficina de Investigaciones del Departamento de Seguridad Interior (HSI) en el sur de la Florida. “Ganó mucho dinero y era muy joven”.

Cuando las autoridades policiales federales desbarataron la red, pudieron echar un primer vistazo a la próxima generación de traficantes que usan la tecnología moderna para explotar la escasamente regulada ruta de las drogas desde China, la principal en el segmento de las drogas sintéticas. Muchas de las llamadas “drogas de diseño”, preparadas en ocasiones por laboratorios montados a las carreras y que usan sustancias químicas no probadas y prácticamente desconocidas y con potencias que pueden variar ampliamente, pueden resultar tóxicas. La tristemente célebre flakka ha sido hallada en el cuerpo de más de 40 fallecidos en el Condado de Broward en los últimos 12 meses.

El distribuidor –al que llamaremos Tony– fue interrogado por agentes federales en una habitación de hotel de Miami durante varios días en mayo del 2013. La información que entregó ayudó a identificar a otros dos distribuidores de Molly, quienes a su vez cooperaron contra otro ex alumno de FIU, David McConnell, un importador a gran escala, quien el lunes fue sentenciado a 14 años de cárcel por la importación de 30 kilogramos de drogas sintéticas desde China.

Aspiraciones de contratista

Tony no llegó a Miami con planes de convertirse en un distribuidor de drogas. “Ni siquiera había fumado marihuana antes de irme de Nueva York”.

Tony creció en una familia de clase media de Brooklyn que se mudó a los suburbios de Long Island, hijo de la directora de una escuela y de un contratista exitoso. Cuando era niño se dedicó a lo normal en los suburbios, jugar pelota, practicar karate y participar en campamentos de verano. En la escuela secundaria, donde fue alumno destacado, viajó a Europa como “embajador estudiantil”; pertenecía al club de ajedrez y competía en lucha.

El joven se graduó a los 17 años, antes de lo normal, y visitó varias escuelas en todo el país con la aspiración de graduarse en administración de construcciones. FIU le ofreció una beca parcial y el atractivo del trópico le resultó imposible de resistir.

“Había algo que me atraía de Miami, las playas, el tiempo, las mujeres”, dijo. “Me encantaba todo esto, probablemente por las razones equivocadas”.

Tony se mudó a una vivienda estudiantil en FIU y, como muchos otros alumnos, se zambulló en los clubes nocturnos, como el Mansion en South Beach, el Space en el centro de Miami, y clubes para estudiantes universitarios en Coconut Grove. Allí vio a muchas mujeres hermosas tomando pastillas. Así que las imitó. En esa época casi todo lo que se vendía era ecstasy.

“Al principio me asusté, pero no tenía la misma connotación negativa de la heroína. Era como estar a la moda”, dijo.

Los efectos de un cuarto de gramo de ecstasy duraban hasta seis horas. “Uno se pone intensamente eufórico, se siente libre”.

Frustrado con tener que vivir con un par de cientos de dólares semanales que ganaba en una tienda minorista unas horas a la semana, Tony comenzó a vender píldoras en el 2011 mientras seguía con sus estudios en FIU. En un club nocturno de Coconut Grove compró una onza de Molly, que recién comenzaba a establecerse como la nueva droga de moda para las fiestas. La mezcló con cristales de vitamina C para que fuera más cantidad y se la vendió a amigos a $10 cada una. Al principio se consideraba más un fiestero que un distribuidor de drogas.

“Cuando era más joven y veía a los distribuidores, tenían un aura que no me gustaba. Pero yo solo vendía Molly”, dijo Tony. “Mis clientes eran otros estudiantes universitarios. No sentía que estaba haciendo algo malo”.

Comenzó a faltar a clases cuando su atención cambió de los estudios al negocio de las drogas. La búsqueda de un proveedor de cápsulas a granel para llenar con la droga lo llevó a un popular mercado de pulgas en el vecindario miamense de West Little, donde se vende desde perfumes y tatuajes, hasta cadenas y dientes de oro.

Dentro del mercado, muy cerca de la calle 79 del noroeste, Tony encontró una pequeña tienda especializada en artículos para la industria de las drogas, como contadores electrónicos de dinero, balanzas y una amplia variedad de pipas. Allí encontró las cápsulas que buscaba, y también una fuente de drogas sintéticas. En ese momento se vendían como sustancias legales en paquetes de colores vivos, por lo general en las gasolineras y mercados de las zonas más pobres de la ciudad. Se colocó un poco de la sustancia en la lengua, que resultó tener el mismo efecto que Molly.

Tony se convirtió en cliente del lugar, y llenaba sus cápsulas con las sustancias que vendían en los paquetes de colores. Para ese momento apenas iba a clases o al trabajo, pero a los 21 años de repente estaba ganando $1,000 a la semana y vivía en una casa alquilada en Doral con algunos amigos. Se compró un Mercedes viejo, al que le puso ruedas llamativas y pintó por poco dinero.

“Me sentía el rey’’, dijo. “Todas las noches salía con una chica diferente. Eso es lo se hace cuando uno tiene ese estilo de vida”.

Del mercado de pulgas a China

Pero después de un año, quería más y se preguntó cómo eliminar al intermediario, el encargado de la tienda. “Se estaba haciendo rico a costa mía”, dijo.

En un ocasión las existencias del producto se agotaron, pero el hombre le dijo que pronto le entregarían varios kilos. Unos días después llegó el cargamento. Dentro de la pequeña tienda, el encargado le mostró la droga, en forma de piedras de color marrón, selladas en una bolsa dentro de una caja. Cuando el encargado se alejó para atender a otro cliente, Tony le echó un vistazo al remitente en el paquete: China.

Así fue que encontró la ruta de las drogas.

Tony se escribió el nombre de la empresa en la palma de la mano. De regreso a casa, buscó en internet y encontró Alibaba, la versión china de Amazon. Nunca encontró el proveedor exacto del tendero, pero logró identificar numerosas fuentes de “sustancias químicas para investigaciones”.

Entonces envió numerosos correos electrónicos y recibió muchas respuestas. Compró cantidades pequeñas, que le enviaban por correo, muchas veces “basura” que no se atrevía a vender. Entonces un suministrador al que solo conocía como “Billy” le hizo llegar una muestra de metilona que provocaba el efecto adecuado. Pero los compradores se quejaron de que parecía demasiado “arenosa”. Tony y Billy discutieron el asunto por correo y por teléfono para modificar la textura del producto.

Finalmente, la droga con la textura adecuada llegó en diciembre de 2012, justo a tiempo para la temporada de fin de año.

Comenzó a programar las compras en una laptop barata comprada en Walmart o en las computadoras de la cadena Kinko’s. El o uno de sus amigos se desplazaban por Miami para recoger los paquetes, ya convertido de distribuidor callejero a suministrador serio, y vendía kilos de productos sintéticos no procesados a otros que pagaban una gran cantidad de dinero y llenaban ellos mismos las cápsulas.

Así empezó a ganar mucho dinero, por lo general $30,000 a la semana.

No obstante, invirtió en algunos negocios legítimos, como una barbería en Miami y una agencia de alquiler de automóviles. Y compró algunas cosas prácticas, como una casa de dos pisos y cuatro habitaciones que le costó $335,000 y que pronto renovó.

Pero también se lanzó a la buena vida. Tony y sus amigos se la pasaban en los mejores clubes nocturnos. Se compró una cadena con diamantes que le costó $64,000, otro Rolex más (ya tenía varios), y algunos autos de lujo: un Bentley, un Maserati y un Porsche.

$30,000, lo que ganó en cuestión de minutos por la distribución de metilona

Tony compró en internet un Lamborghini Gallardo –el mismo modelo en el que las autoridades sorprendieron a Justin Bieber a exceso de velocidad en Miami Beach, y le puso unas ruedas personalizadas de aluminio forjado. En un video se le ve sonreír y decir que esta viviendo “la vida Lambo” antes de salir disparado por la calle en el auto, que tiene un motor de 10 cilindros.

Ese fue el vehículo que lo llevó a la perdición.

Un Lambo anaranjado fue la pista

Agentes de Investigaciones del Departamento de Seguridad Interior (HSI) comenzaron a buscar la fuente de la metilona que inundaba el sur de la Florida. Consiguieron la primera pista cuando colegas de Nueva York descubrieron uno de los paquetes provenientes de China y arrestaron a uno de sus primos que lo había ido a recoger.

El primer avance importante fue en marzo de 2013, cuando agentes del sur de la Florida se preparaban para el festival Ultra de música electrónica, que atrae a decenas de miles de seguidores y en el que se consume Molly. Un promotor de clubes que conocía del movimiento de las drogas dijo a los agentes que el principal suministrador de Molly en el sur de la Florida conducía un Lamborghini naranja.

Estos no demoraron mucho tiempo en rastrear el vehículo, que Tony había inscrito a su nombre.

El lazo se estrechó rápidamente. Los agentes arrestaron a dos de sus compradores, Ian Rae Johnson y Shawn Hawes, quienes vendían marihuana y Molly a clientes con medios económicos desde una casa en Kendall. Los agentes encontraron una bolsa grande de metilona y decenas de miles de dólares ocultos dentro de ropa en un clóset.

Johnson dijo a los agentes del HSI que Tony –cuya identidad real no conocía– le había vendido hace poco una bolsa de metilona en $7,000. La pista clave era que Tony conducía con frecuencia un Honda CRV durante sus recorridos de entrega.

El promotor de clubes también dijo a los agentes que alguien llamado “Juan Carlos García”, uno de los socios de Tony, estaba recogiendo paquetes sospechosos en oficinas de correo y tiendas en el Condado de Broward. Los registros mostraron que 24 paquetes a nombre de esa persona fueron enviados desde China, Hong Kong y Nueva York entre enero y julio de 2013.

El 11 de julio de 2013 por la tarde, agentes recibieron información de que había llegado un paquete a una tienda UPS en Sunrise. Los investigadores observaron a un hombre que creían era “García” estacionar, recoger el paquete y volver a su vehículo, según denuncia penal presentada por Kevin Selent, agente del HSI.

Cerca del lugar, Tony observaba desde su Honda CRV. Pero los agentes lo descubrieron. Tony salió a toda velocidad por la I-75 y, como en las películas, botó por la ventanilla varios teléfonos celulares mientras lo perseguían.

Arrestado en el lugar, “García” resultó ser Rafael Marte, uno de los empleados de Tony. Dentro del paquete, según la denuncia penal, había 10 kilos de metilona. Marte entonces entregó información sobre su jefe y los agentes comenzaron a vigilar la casa de Tony en West Kendall, además de la de su novia, adonde el sospechoso llegó poco después. Tras consultar con su abogado, Tony acordó cooperar con los investigadores.

Tony enfrentaba un máximo de 20 años de prisión por cada cargo, pero su amplia cooperación con las autoridades y el hecho que no tenía antecedentes penales suavizaron el golpe. Se declaró culpable de posesión de una sustancia controlada con la intención de distribuirla.

Algunas personas en Nueva York escribieron cartas al juez federal de distrito James Cohn para pedirle clemencia. Entre ellos estaba un un juez retirado de Nueva York, un tío que se retiró como policía de esa ciudad, un concejal de Brooklyn, y su madre, la maestra.

“Le escribo esta carta preguntándome qué salió mal y cómo hacemos para que [Tony] pueda hacer realidad el potencial que creo que tiene”, escribió la madre.

El juez Cohn lo condenó a dos años de prisión. A principios del próximo año Tony debe salir en libertad.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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