- Associated Press - Wednesday, September 9, 2015

Debido a que muchos de sus familiares se han visto atacados por un extraño cáncer de la vista, Ramiro Izquierdo era el guardián de su abuela ciega y de su hermano también ciego.

La noche del pasado 11 de agosto, Izquierdo llevó cuidadosamente a su hermano a un minimercado de Liberty City a comprar algunas golosinas, jabón y champú. Tras salir de la tienda fue confrontado por dos ladrones, uno de ellos empuñando un arma de fuego.

Surgió un enfrentamiento entre los dos e Izquierdo, de 20 años, murió acribillado a balazos. El asesino, dijo la policía, tiene sólo 14 años.

El martes, la Fiscalía Estatal de Miami-Dade acusó formalmente a Juaquan Hall, estudiante de la escuela intermedia Edison, de homicidio en segundo grado y de otros dos cargos de intento de robo a mano armada.

“Era un buen muchacho. Nunca le hizo daño a nadie”, dijo Elizabeth Rivera, de 43 años, madre de Izquierdo, después de la audiencia del martes. “No hago más que preguntarme por qué lo mataron”.

Hall está detenido en la sección para delincuentes juveniles del Centro de Detención Turner Guilford Knight (TGK). Su caso probablemente se presentará ante un jurado de instrucción esta semana para un posible encausamiento por homicidio en primer grado, le dijo la fiscal Alicia Priovolos al juez durante la vista.

A través de su abogado René Palomino, Hall se declaró inocente el martes.

Palomino dijo que está revisando las evidencias, y también hablando con varios testigos que podrían tener una coartada para el adolescente. “Estamos en el proceso de analizar todo eso”, dijo Palomino.

Hall, que a su edad ya es padre, es uno de los muchos jóvenes que han sido arrestados por diversos casos de asesinatos este verano.

Los dos hermanos se habían mudado recientemente con su abuela, que vive en una vivienda de la “Sección 8” en Liberty City. En enero, la anciana se mudó al violento barrio.

Esa noche de agosto, los dos regresaban a la casa de la tienda cuando los ladrones los detuvieron en la cuadra 2100 de la calle 57 del noroeste poco antes de las 7 p.m. Los hermanos no acataron las órdenes de los malhechores para que les dieran dinero y sus propiedades, según el reporte del arresto. Poco después la policía pudo saber quién había disparado.

El segundo sospechoso todavía no ha sido formalmente acusado.

Esa noche, Javier llamó a su madre, que acababa de llegar a la casa de su trabajo donde limpia oficinas médicas, para darle la terrible noticia. Familiares desde distintos lugares del país como Orlando, Texas y Connecticut inmediatamente volaron a Miami para estar juntos en semejante momento.

“Su muerte ha acabado con mi vida”, dijo Rivera. “No como ni duermo bien”.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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