- Associated Press - Monday, July 6, 2015

Yolanda Martínez Fuentes, de 77 años, estabilizó un maniquí con un vestido hecho de dos bufandas de chifón cosidas. Con alfileres, ella le añadió un tirante como toque final.

“Esta es mi terapia”, dijo Martínez Fuentes, quien se enorgullece de ser capaz de hacer cualquier cosa con aguja e hilo. “Creo que voy a estar en la máquina de coser hasta el último día de mi vida”.

Desde que Martínez Fuentes aprendió a coser, cuando tenía 14 años, ha trabajado como costurera, creando patrones de ropa a partir de cero. Ella ha usado sus habilidades en muchas partes, incluyendo la tienda por departamentos El Encanto en Cuba y una factoría en Miami.

Después de retirada, Martínez Fuentes ha continuado cosiendo en la misma casa en que ha vivido durante casi 50 años.

En su casa, Martínez Fuentes tiene un cuarto de costura con gavetas llenas de hilos de diferentes colores, una máquina de coser y una prensa de planchado al vapor. Con una reputación sólo de boca en boca, ella ha mantenido una clientela leal y hecho ropa para bodas, fiestas de quince, representaciones de teatro, y uniformes de escuela y de equipos de cheerleaders.

Amy Cao, la dueña de Vicky Bakery, conoció a Martínez Fuentes a través de una amistad mutua hace unos 20 años. Ella estaba buscando una costurera para hacer un vestido a su hija mayor, Victoria, para la fiesta de cumpleaños por sus cinco años.

Martínez Fuentes continuó cosiendo la ropa de los hijos de Cao, y los vio crecer. Ella hizo incluso un vestido de tafetán para la fiesta de graduación de secundaria de Victoria.

“Ella se ha hecho parte de mi familia”, dijo Cao. “Yo hablo con ella por lo menos dos veces por semana, y hemos participado en todas sus celebraciones. Le hicimos una torta de cumpleaños en forma de máquina de coser por sus 70 años”.

Ahora, ella pasa más tiempo arreglando ropa.

“Hoy en día la ropa está muy mal hecha”, dijo. Cuando hace arreglos, a menudo ella zafa toda la prenda y la vuelve a coser.

Su hija, Bridget Brea, admira la pasión de su madre por una habilidad que se ha hecho rara.

“Ella pudo haber sido cualquier cosa que hubiera querido. Ella pudo haber sido Oscar de la Renta”, dijo Brea. “Esta es una profesión en camino de extinción. Ya nadie hace esto”.

Martínez Fuentes pasa la mayor parte del tiempo en su cuarto de costura, haciendo arreglos simples y rápidos a prendas de ropa mientras que sus amigos, hijos y nietos la visitan a lo largo de la semana.

“Yo nunca aspiré a ser una diseñadora ni nada de eso”, dijo. “Yo no hubiera querido riquezas ni fama, porque nunca hubiera apreciado lo que tengo. Yo he tenido una vida maravillosa y mis hijos se enorgullecen de mí”.

©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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