- Associated Press - Tuesday, May 12, 2015

A primera vista se apreciaba un grupo de chicos cualquiera tirando la pelota al aro, sin más anhelo que pasar la tarde en Miami. Sin embargo, si se afinaba la mirada, podía apreciarse que uno de ellos era muy diferente.

Ese chico de talla menuda no se conformaba solo con jugar; su deseo, de volar a lo más alto, le hacía hacer cosas impropias de su edad.

“Tiene mucho talento, maneja muy bien las dos manos y puede tirar al aro desde todas las distancias”, así lo define Iván Ramírez, el director del club BBall Master donde juega Luciano Peñaloza. “Le llamamos “la súper estrella” porque con tan solo 7 años es el mejor. Está muy avanzado”.

Peñaloza comenzó a practicar el basquetbol en su natal Bolivia cuando apenas tenía 4 años y desde entonces la pelota ha sido prácticamente su único juguete.

“Me gusta mucho jugar baloncesto”, comenta Luciano. “Cuando sea grande quiero jugar en el Heat”.

Talento no le falta y muy bien le vendría al equipo de Miami un armador con su manejo y visión de juego.

El chico, a pesar de su corta edad, destaca por su habilidad, pero sobre todo por su seriedad en las tareas tácticas, tanto en ataque como en defensa, haciendo que sus rivales sufran con su marcaje.

Resulta cuanto menos curioso que un niño boliviano se decante por el basquetbol en vez de por el fútbol y que además brille en la Capital del Sol, pero para gusto se han hecho los deportes.

“Viene de una familia de ‘basquetboleros’ y eso que en Bolivia no es uno de los deportes tradicionales. Yo lo apoyo bastante y lo traigo a jugar”, aclara Patrick, su padre. “Desde un principio lo incentivé, lo llevaba a los partidos y le enseñaba la NBA por televisión”.

En Miami le han abierto las puertas al encontrar este club, Ball Master, donde sus profesores se quedaron admirados por sus virtudes y sus movimientos. Luciano se entrena allí con niños de hasta 10 años y además juega su campeonato en la categoría de 7-9 años.

Los entrenamientos son lunes y viernes en las canchas del parque José Martí de la Pequeña Habana y los fines de semana tienen el torneo en el tabloncillo bajo techo.

BBall Master, el club fundado por Ramírez, cuenta con 22 equipos con sus respectivos profesores.

“Se formó para ayudar a los niños a que salgan de las calles y que tengan un mejor futuro”, señala Ramírez. “La liga hace año y medio que comenzó con 70 niños, después de llevar 6 años con adultos. Hoy tenemos 185 muchachos y seguimos creciendo”.

En ella destaca Luciano, quien además se toma el juego muy en serio.

“Su profesor, Yolymiler Díaz, solo nos pide que sigamos incentivándolo y nuestra expectativa es que se saque una beca deportiva, si llega a la NBA, mejor”, comenta Patrick. “Bolivia lamentablemente no tiene nivel competitivo. Quizás él pueda hacer lo que falta”.

Aunque a priori la idea es un poco prematura, cuando Luciano toma el balón, y hace un cambio de ritmo, inmediatamente esa duda queda despejada.

“Sus mayores virtudes son el dominio de la pelota y posicionarse en el juego, y aunque practica el fútbol le interesa mucho más el basquetbol”, indica el padre. “Pensaba que se iba aburrir pronto, pero no. Así que solo nos queda apoyarlo para que pueda salir adelante”.

Luciano es un ejemplo de los miles de niños que destacan en la práctica de un deporte a edades tempranas. Mucho de ellos han conseguido su sueño al añadirle a su talento otras variables que junto a la suerte conducen al éxito; mientras otros, a pesar de que no llegaron a ser profesionales, creen firmemente que valió la pena vivir la experiencia.

Y aunque el ejemplo de Luciano es muy bueno, existe el temor de caer en el triunfalismo y que se sustituya el juego en sí por el éxito en la búsqueda de una beca universitaria como si se tratase del santo grial.

El mecanismo de tener niños “especialistas” ha conseguido que los estudiantes que antes eran “buenos” en casi todos los deportes, estén ahora en período de extinción. Lo lamentable es que las investigaciones han demostrado que la especialización solo funciona para una gran minoría.

Ahí están casos como el de Steve Nash, que jugaba fútbol, hockey, rugby antes de basquetbol; Michael Jordan: béisbol, football; y LeBron James, quien tuvo que decidir entre la NBA y la NFL.

La lista de niños prodigios en YouTube es larga. Ahí están los Julian Newman, Jayshawn Augusto, Titus, Seventh Woods, Jaylin Fleming y Damon Harge entre otros, sin embargo la realidad es que nada está garantizado.

No siempre se llega a lo más alto. Por eso en el club prefieren inculcarles a todos los muchachos cosas más importantes.

“Lo primero que enseñamos es el respeto, luego a trabajar en equipo y los fundamentos del basquetbol: driblar con ambas manos, pasar y tirar la pelota”, expresa el director del club. “También es importante que aprendan a perder y que se diviertan”.

No sabemos si Luciano Peñaloza será un Dwyane Wade en el futuro, pero deberíamos anotar su nombre, quién sabe si en unos años llegue también a ser una estrella de la NBA.

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©2015 El Nuevo Herald (Miami)

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